El invento del maligno
El pasmo que no cesa
Cuando José María Aznar tenía un bigote que parecía un bigote, su hermano no pudo ser adjunto al Defensor del Pueblo. Llevaba Manuel Aznar trece años en la institución cuando Álvarez de Miranda quiso nombrarlo y se montó un buen lío por ser su hermano presidente del Gobierno. Esta semana nos hemos enterado de que RTVE ha adjudicado un contrato a la empresa de un hijo de Oliart, el presidente. También que el goloso contrato que ha firmado Christine Lagarde como nueva mandamás del FMI dice que deberá tener «los más altos estándares éticos de conducta» y «evitar incluso cualquier apariencia de conducta inapropiada», cosas que no constaban en el contrato de DSK, igual que en los microondas no suele constar que es mejor no secar perros en su interior. También se insta a Lagarde a participar en «los programas de entrenamiento ético» del personal. Para los ciudadanos debería haber entrenamiento del estupor. Ni las dimisiones alivian el pasmo.