Diario de León

«Tengo la ilusión de seguir muchos años haciendo esgrima con los pinceles»

El Instituto Leonés de Cultura prepara una gran exposición retrospectiva sobre Modesto Llamas Gil

El veterano artista leonés, delante de su famoso ‘Autorretrato con mosca’.

El veterano artista leonés, delante de su famoso ‘Autorretrato con mosca’.

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Marcelino Cuevas | LEÓN
León

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El equipo del ILC está removiendo hasta los cimientos la vida y la obra de Modesto Llamas Gil. El veterano pintor se enfrenta a la gran exposición antológica de su vida. El artista está tan ilusionado como nervioso. Y revuelve cada día los fondos que atesora en su estudio, habla con amigos y con gentes que a lo largo de los años han ido adquiriendo sus cuadros para recopilar recuerdos y trabajos. Llamas ya ve en las salas del centro de arte de la institución la gran película en color de una gran peripecia intelectual y artesanal que se refleja en todos esos cuadros que ha ido produciendo, sin prisa pero sin pausa.

Para Llamas, la muestra es un reto. «La he recibido con agrado. Yo no expongo con demasiada asiduidad, así que tengo mucho tiempo para pensar y pintar entre una y otra exposición. Pero en esta ocasión no hay nada que escoger, nada que seleccionar, prácticamente estará presente toda mi obra. Es una gran ilusión… y de alguna manera vuelvo a sentir los miedos del principiante, ya que esta muestra será una recapitulación de mi vida artística y en ella se podrán ver mis cosas buenas y también las menos afortunadas. Además están trabajando ya en un gran catálogo razonado de mi trabajo a lo largo del tiempo, en el que no solamente aparecerán reflejadas las obras, sino también los documentos que han marcado mis distintas etapas. Será una buena forma de que quede memoria de lo que he hecho hasta ahora. Yo le agradezco mucho a la Diputación de León esta iniciativa. Luis García y su equipo están trabajando intensamente. Claro que en esto se tardará varios meses, aún no sé la fecha en la que tendrá lugar la exposición».

Hablamos con el pintor en su casa, con las paredes llenas de cuadros, la mayoría suyos, aunque también de su hija, de su mujer y de algunos amigos. Un pequeño museo en el que se siente a gusto y que muestra con exquisita amabilidad, explicando la pequeña historia de cada obra. Se nos ocurre preguntarle, en este tiempo de balance, si tiene una idea aproximada de las obras que ha pintado, y aflora en su discurso una frustración. «La verdad —dice— es que no tengo mucha obra, porque durante la larga temporada en la que me dediqué a la enseñanza no pintaba con la asiduidad que me hubiera gustado. Cuando más he trabajado ha sido a partir del momento de mi jubilación. Yo pienso que podría haber realizado mucha más obra y que podría haber alcanzado cotas mejores. Eso me duele un poco. He tenido compañeros de la Escuela de Bellas Artes que se han dedicado plenamente a trabajar en la pintura, en el arte, y que han adquirido una dimensión muy importante. Gentes de la época de los años cincuenta, cercanos al grupo El Paso . Antonio López es de un par de cursos posterior a mí. Lucio Muñoz ha asido una enorme figura. O Luis Feito, que fue de mi curso. Hay una serie de artistas que se empeñaron en seguir, que se quedaron en Madrid y lo consiguieron. Una gran ciudad siempre te da la posibilidad de intentar esas grandes aventuras que cuando vienes a la periferia te quedan lejos. Estoy contento con lo que he hecho, con mi familia, pero siempre te queda eso del ‘podrías haber hecho’ . Y aunque sigo con proyectos, no está uno con la energía que tenía hace veinte o treinta años».

El pintor tiene unos importantes antecedentes figurativos, es un gran dibujante y un estupendo retratista. También se lleva bien con el paisaje, donde es capaz de mostrar las excelencias de su amplia paleta y su vigorosa pincelada. Pero en los últimos años transita por una abstracción mágica y llena de energía que asombra a propios y extraños. «Siempre —asegura— ha habido antecedentes abstractos en mi obra, en esta retrospectiva se verán. En los sesenta y setenta quiero yo iniciar una aventura seria en el expresionismo abstracto. Lo que pasa que quizá se quedó en un número limitado de obras, pero están ahí».

Llamas Gil no se cansa de pintar retratos, de los próceres de León, de los artistas leoneses y, también, de sus seres más cercanos. «Ahora, al reunirlas para esta exposición —explica—, se verán de forma evidente dos vertientes en mi obra. Una plenamente figurativa, relacionada con el retrato familiar, y luego la de los que me han encargado las instituciones. Y en medio de estas dos vertientes, los retratos que he realizado de diferentes artistas leoneses, de poetas y escritores que han sido mis amigos, mi compañeros de trayectoria vital en León, como Crémer, Antonio Pereira, Gamoneda, Zurdo o Paco Pérez Herrero, unas obras que he conservado y que no quiero que se disgreguen».

La gran ilusión del artista es que León tuviera un gran museo en el que se pudieran cobijar obras de todos los artistas leoneses desde principios del siglo XX hasta la actualidad. Y allí tendrían perfecta cabida estos retratos que han estado expuestos durante un año en el Museo de León. «Pero las instituciones no miran demasiado hacia estas cosas, no piensan que hay personajes en la ciudad cuyos retratos podrían quedar representados para el recuerdo», se lamenta.

Aunque, volviendo la vista hacia la obra de Llamas, se sienta cierto vértigo por su extensión, el pintor no se rinde y manifiesta que sus perspectivas también serán importantes en el futuro. Que no entrega las armas, ni mucho menos, que en su caso ni el pulso ni las ideas se están quedando dormidas. «Yo pretendo seguir pintando —afirma—, pero ‘sin correr detrás de la liebre’ . Tengo una formación y dentro de esa formación he podido ir haciendo las cosas a mi manera. Me he interesado siempre por interpretar la realidad según mi visión particular. Yo pretendo seguir pintando, haciendo sobre todo una obra que parta directamente de la imaginación, impulsada por las sensaciones que percibo del mundo que me rodea y de las emociones que siento en mi universo interior, que para eso los años no pasan. Como digo, tengo la ilusión de seguir pintando, pero claro, la manera de hacer esgrima con el lienzo, de atacar el color con los pinceles… tengo que realizarlo ya con pautas muy pausadas. Aunque sigo teniendo buen pulso para el dibujo, el cuerpo tiene ya sus limitaciones y las manos se cansan cuando la imaginación sigue y trabajando con toda la intensidad».

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