Diario de León
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El invento del maligno javier martín-domínguez

Las fiestas del cine se hacen sobre alfombra roja para que luzcan más las estrellas, la cara amable y vendedora de una industria que al otro lado de la cámara vive más del esfuerzo que del glamour. Sirve también esta pasarela, que ahora despliega el festival de San Sebastián, para dejar claro que el cine es de carne y hueso.

Sueños que tardan en construirse años —desde el guión hasta encontrar el dinero, rodar y sacar finalmente la copia— y que necesitan de gente inteligente y esforzada como es la del cine.

La alfombra marca una línea delicada en la percepción de los públicos. Glamour, si. Pero esfuerzo y duro trabajo, también. San Sebastián tiene ya una larga historia que combina ambos aspectos, retratada con esmero y profundidad por Diego Galán en una serie, para abarcar todo lo que se ha visto junto a la Concha. Recuerdo con gusto mi entrada en este mundo, justo cuando el festival alcanza su mayoría de edad. Fue el año de Erice, que entraba en la sala de prensa con su artículo escrito a mano y deslumbró con El espíritu de la colmena .

Corría el año 73 y el glamour se notaba más en una España todavía en blanco y negro, en la que los reporteros de televisión rodaban en cine las entradas de las estrellas al Victoria Eugenia. Orson Welles presentó su peculiar documental Fake , y Peter Bogdanovich daba una gran lección de cine con Luna de papel.

Arte, espectáculo e industria se siguen dando la mano en este escaparate fundamental para que las películas empiecen a degustarse, tener un nombre, y conseguir un valor.

El reguero de noticias que generan a través de los medios cuando llegan a un festival es la clave para su comprensión por el público, que es al que van destinadas finalmente.

Desde el Echarri de aquellos tiempos al nuevo director, Rebordinos, San Sebastián ha mantenido a flote este gran escaparate del cine, que lo es a la vez de su ciudad. Pantalla sobre un escenario de ensueño, que bajo la etiqueta de un festival hace que cada vez amemos más al cine y a la ciudad que nos lo enseña, vestida de gala y alfombra roja para la ocasión. Glamour, muhco glamour.

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