Diario de León

Un Karlos Viuda ‘matemático’ expone su obra en el Auditorio

Juan Pablo García, concejal de Cultura, conversa con Viuda.

Juan Pablo García, concejal de Cultura, conversa con Viuda.

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marcelino cuevas | león
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Karlos Viuda ha dado una nueva vuelta de tuerca a su trayectoria pictórica. De los monumentales dibujos en blanco y negro, y las obras experimentales en las que se incluían los más variados elementos en una intensa búsqueda de las tres dimensiones, ha pasado a la pintura pura y dura, eso sí, argumentada con una complicada teoría matemática: El número Fibonacci. Se trata de una sucesión numérica que se inicia con 0 y 1, y a partir de ahí cada nuevo elemento es la suma de los dos anteriores.

Basándose en esta teoría, el artista ha realizado una serie de 10 grandes cuadros y otra de obras de menor tamaño que se exponen en el Auditorio Ciudad de León.

El expresionismo abstracto y el minimalismo, son las bases de la obra de Viuda y están muy presentes en los cuadros que muestra en la sala principal del Auditorio. «Están pintados para este lugar, que considero espectacular —dijo el pintor—. He intentado que sean como los fotogramas de una película, están realizados para verlos de forma sucesiva. En este caso Fibonacci es una disculpa para justificar mi trabajo, él ha sido siempre una referencia para la creación artística en arquitectura, en música…».

Contaba el autor, ante la atenta mirada del inevitable concejal de cultura, Juan Pablo García Valadés, intensamente interesado en todas las manifestaciones artísticas de la ciudad, que ha intentado «hacer una serie cerrada, algo habitual en mi trabajo. He escogido para su realización los primeros cinco números de Fibonacci. He intentado que sean piezas muy equilibradas. En el aspecto del minimalismo tengo como referencia el producto industrial, productos seriados que se caracterizan por una gama cromática concreta. Aquí cuento la misma historia pero procurando que todos los cuadros reflejen un acontecimiento propio, que sean diferentes, aunque la estructura sea la misma».

Karlos Viuda repite de forma casi obsesiva las mismas formas, variando solamente los colores y algunos elementos de las diferentes columnas en las que se dividen homogéneamente los cuadros.

«Pretendo que sean como flashazos que el espectador reciba al pasear alrededor de la sala. Que vea una y otra vez lo mismo, pero que en cada ocasión sea también algo diferente. Me interesa mucho más la exposición en su conjunto que los cuadros de forma individual».

Lo cierto es que Karlos Viuda consigue sorprender, tanto al visitante que se enfrente por primera vez con sus obras, como a quienes han seguido fielmente su carrera a lo largo del tiempo. Una vorágine de colores, muy alejados del contenido cromatismo de sus anteriores trabajos, muestra a un pintor con nuevos bríos que intenta sobresaltar al espectador, hacerle salir de un presunto sopor para interpretar esas constantes númericas: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13… ocultas en la dinámica de creación de sus cuadros.

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