Diario de León
Publicado por
José Javier Esparza
León

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Escándalo, sí, el que usted vive cotidianamente: el de una televisión que se ha vuelto loca y ya no hace caso a nada ni a nadie. Lo último: las asociaciones de espectadores denuncian que los canales están falseando la cifra de quejas presentadas ante el comité de autorregulación, que el número de quejas es muy superior al que se dice y que lo único que se filtra a la prensa es lo que a las cadenas les interesa. Hace un par de días traíamos aquí —indebidamente mezcladas: mea culpa— las protestas del Observatorio sobre Contenidos (el OCTA) y la negativa de Telecinco a comparecer ante el comité de autorregulación de contenidos televisivos e infancia. Expresemos bien el asunto: uno, Telecinco intenta escapar a la disciplina del comité de autorregulación (comité del que la propia cadena forma parte); dos, el preceptivo informe anual del comité sobre contenidos se está retrasando de manera vergonzosa; tres, la autoridad competente —el Ministerio de Industria— aprovecha la confusión para escurrir el bulto y no actuar contra los programas o las cadenas que vulneran la legislación.

La última maniobra ha sido filtrar a la prensa cifras incompletas de quejas del público, mezclándolas con las denuncias del OCTA, y ahí es donde hemos caído todos. Bueno: ¿Qué está pasando? Está pasando que las cadenas, y de manera muy especial Telecinco, están intentado bombardear la mera existencia del Comité de autorregulación, de manera que desaparezca el único (y debilísimo) dogal que les impone algún tipo de obligación social o moral. En los últimos días han aparecido en prensa noticias sobre el número de quejas que recoge el último informe, aún no publicado, de este comité.

La Asociación de Usuarios de la Comunicación se ha apresurado a advertir de que esas cifras son en realidad las que las cadenas están dispuestas a aceptar sobre el total de quejas presentadas por los espectadores, quejas cuyo número real es muy superior y que, incluso así, son pocas para las infracciones cometidas. O sea que las cadenas quieren hacer de su capa un sayo.

Ojo: de la capa de usted.

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