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«Los corruptos no me inspiran ningún tipo de piedad»

Murciego, Díez, Nuñez y Verónica Viñas, en El Filandón en La 8 de Televisión Castilla y León

Murciego, Díez, Nuñez y Verónica Viñas, en El Filandón en La 8 de Televisión Castilla y León

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«Los corruptos no me inspiran piedad», afirmó ayer el escritor leonés Luis Mateo Díez en la tertulia El Filandón, que emite La 8 de Televisión Castilla y León en colaboración con el Diario. El autor lacianiego, que acaba de publicar recientemente Pájaro sin vuelo, citó, incluso, el nombre de Urdangarín. «Los comportamientos innobles, especialmente en personas que deben ser ejemplares, son inaceptables», aseguró el académico, quien confesó que él nunca ha entendido el dinero. «De pequeño, si alguien hablabla de un millón de pesetas, yo preguntaba: ¿y eso cuánto llena en billetes?».

En 57 minutos Luis Mateo abordó desde la proliferación de políticos que se sientan en el banquillo por prevaricación, los ‘defectos’ del diccionario de la Real Academia —institución en la que ocupa el sillón ‘I’—, la literatura de ‘usar y tirar’, las nuevas tecnologías y los premios. Precisamente, Luis Mateo recibe hoy el Premio Protagonistas de León 2011. Aseguró que es un escritor muy afortunado. «En León, ya me pasa como a mi padre —al que cada día me parezco más físicamente— y es que cuando voy por la calle me quiere todo el mundo».

Luis Mateo explicó cómo comenzó sus ‘giras’ de filandones por medio mundo con los escritores leoneses José María Merino y Juan Pedro Aparicio. «Nos llamaron del ‘Hay Festival de Segovia’. Estaba también nuestro querido Antonio Pereira». Fue un éxito. Hasta tal punto, que recorrieron buena parte de España y, después, Colombia, Londres, Gales y Nueva York, entre otros lugares. Sin embargo, el escritor aseguró que «la tradición oral no vale para nada. No es la sustancia de los escritores, sino que pertenece a la antropología. Me he formado más leyendo a los grandes escritores que escuchando cuentos de pequeño».

Sobre la pléyade de escritores leoneses, reconoció que también en otras disciplinas como la pintura y el cine hay una larga nómina de artistas locales. Agradeció el apoyo incondicional de los medios con todos ellos. «Creo que tienen buena culpa y que han sido muy generosos». Reconoció que, por extraño que parezca, con los escritores leoneses existe «una conexión afectiva», en lugar de la lógica competencia. En este punto, Luis Mateo confesó que «la amistad está por encima de todo, incluso del amor. La literatura me ha servido para conseguir grandes amigos».

«No corren tiempos peores para los jóvenes. Siempre fueron difíciles», dijo. Sin embargo, en su opinión, en León, hay «un panorama de escritores jóvenes que son mejores de lo que fuimos nosotros en su día».

Sobre las nuevas tecnologías, Luis Mateo se autodefinió como un hombre de la «era Amstrad» (su primer ordenador). Pese a que el creador de Celama usa Internet, no sabía que en la Red si se escribe su nombre hay más de 300.000 ‘entradas’. No ocultó su predilección por el papel frente al libro electrónico. «Soy un poco merluzo. Estoy lleno de restricciones con las nuevas tecnologías. Espero morir con los libros de papel en las manos».

El escritor lacianiego, creador de un territorio propio como Celama, dijo que muchas de sus ciudades imaginarias están en ese páramo —la palabra más antigua del castellano— con el que está unido inexorablemente desde la infancia, cuando su padre compró una finca y allí vio enfermar a su madre y también contempló los últimos años de su padre. Con ese ‘humus’ el escritor forjó un espacio de perdida y una metáfora fin de siglo de las culturas rurales. Curiosamente, la realidad acabará pareciéndose, en este caso, a la ficción. La creciente despoblación de las comarcas leonesas están dibujando una provincia que Luis Mateo ya anticipó en Celama. En ese universo se deslizan los héroes del fracaso que tan magistralmente ha creado Luis Mateo. Personajes con una gran vida interior y unos nombres que sólo se pueden encontrar en las esquelas. De hecho, Luis Mateo se confesó «esquelista», aunque no necrófilo. Muchos de ellos llevan en su apellido topónimos, que para el autor acarrean siempre el secreto de unos orígenes difíciles de desentrañar. Sobre sus antihéroes, el escritor explicó que «los seres humanos estamos más cerca del fracaso que del éxito. Nuestras aventuras suceden a la vuelta de la esquina. Las grandes emociones son de paredes adentro, en los espacios domiciliarios».

Frente a la los grandes y en generales ‘tochudos’ best-sellers, tan efímeros como la moda, Luis Mateo apostó por la buena literatura, la universal, la intemporal. «Si cojo un libro es para que me perturbe y no me deje dormir».

Pese a su condición de académico, reconoció que el diccionario «es un instrumento defectuoso y mejorable». Sobre el gentilicio castellanoleonés y castellano-leonés, dos acepciones admitidas por la RAE, llegó a la conclusión de que «no expresan bien la realidad». «Yo sí soy hondamente castellano, porque me fascina Castilla y para no tener problemas en casa; y soy leonés, pero nada leonesista», dijo. Finalmente, aceptó que la ‘y’ entre Castilla y León es esencial. Habrá que quitar ese gentilicio del diccionario...

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