Diario de León
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El invento del maligno javier martín domínguez

Cuando hay un ausencia, la Navidad ya no es la misma. Ni siquiera en televisión. El aparato en, su noble función sustitutoria del amor a la lumbre, nos quiso traer casi todo a casa por Navidad. Tuvimos nuestra ración equilibrada de Julio Iglesias y de Ana Belén. Resucitaron hasta los Martes y Trece, preservando la exclusividad del fin de año para José Mota. Incluso Plácido Domingo en una añeja pero inefable producción de Tosca se asomó a nuestro hogares. Hubo muchos mas, incluido un gran Sergio Dalma. Pero en cuanto nos falta alguien habitual, las fechas toman ese halo de verdadera Navidad, con su punto de congoja y de nudo sentimental en la garganta.

El del yo soy aquel , nuestro eterno Raphael, se quedó este año sin especial y por lo tanto sin serlo. Ya no es o está aquel que no marcaba como nadie y durante tan largo tiempo el camino a Belén a ritmo de porrompnpón. Un símbolo de que algo esta cambiando, aunque la Navidad sea ese tiempo del año en el que todo parece entrar en un carrusel de repeticiones: reencontrar a los mismos familiares, comer las mismas comidas, ver los mismos programas.Incluido el discurso anual del Rey. Pero es cierto que aunque todo pareciera lo mismo, este año nada era ya igual. La crisis nos ha dejado sin viajes o manjares. El presidente de la eterna sonrisa ha dado paso a un señor barbudo con cara de circunstancias, con la foto del transito convertida en atrezzo del discurso de navidad. Tampoco en la casa del Rey, estaban todos por Navidad. Tras las palabras medidas del discurso y el análisis cauto de los políticos, se escondían varias tragedias, desde la familiar propia con destacas ausencias a la general de los parados. Esta Navidad traía entreveladas un montón de malas nuevas, envueltas en el celofán de la repetición habitual. No es navidad todo lo que reluce. ¿Cómo vendrá el fin de año?. Nos ha dejado pasar el nuevo gobierno las navidades como si no pasase nada. Pero seguro que si nos dará las uvas. ¿Cuántas?. Después de esta navidad recortada, todos sentiremos como Raphael que «ya no soy aquel».

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