«Nunca en mi vida he timado a nadie»

En una de las contadas ocasiones en las que Erik El Belga aceptó hablar de su pasado, en una entrevista concedida al Diario de León el 19 de diciembre de 1999, afirmó: «De León sólo puedo decir que es una maravilla desde el punto de vista artístico y un lugar de gran espiritualidad. Las obras de arte que atesora serían el sueño de cualquier coleccionista. Enumerar las veces que ‘trabajé’ allí me parece una especie de alarde de mal gusto....».
—¿Quién le ayudaba y cómo localizaba las iglesias que contenían piezas interesantes?
—En aquellos tiempos era un gran viajero y un profundo conocedor del arte que se encerraba hasta en la más recóndita iglesia de España. Actuaba con un grupo de hombres que habían sido militares como yo y diseñábamos las operaciones con precisión milimétrica y con una disciplina castrense.
—¿Cuánto patrimonio ha perdido León?
—Realmente lo ignoro, porque hay muchas clases de expolio. Están, lógicamente los robos, pero se expolia idénticamente cuando se deja que una iglesia o una ermita se deterioren hasta acabar en la ruina o cuando no se restauran a tiempo las obras de arte.
—¿Quiénes le compraban las piezas?
—Siempre trabajé por riguroso encargo. Mis coleccionistas, muchos de los cuales ya habrán muerto, eran talibanes del arte y tenían fijaciones que rozaban la manía. Recuerdo cuando yo trabajaba en Francia, siendo muy joven, fui contratado por un anciano caballero que tan sólo quería vírgenes sonrientes de una determinada época y, además, si la pieza estaba deteriorada me exigía que yo personalmente la restaurara, porque soy un buen restaurador y la policromía no tiene secretos para mí.
—¿Siempre robaba o también ‘timaba’ a los curas y les compraba piezas valiosas a bajo precio?
—Nunca en mi vida he timado a nadie. Es cierto que he comprado mucho; de hecho, tuve un enorme almacén de antigüedades en Bélgica y he exportado legalmente cientos de camiones, pero quiero aclarar una cosa: si los curas han vendido en algún momento es porque les estaba permitido hacerlo y el dinero no era para gastárselo en el bingo, sino para hacer buenas obras. Gracias a muchos curas anónimos se ha conservado gran parte del patrimonio. No sabían exactamente lo que tenían ni su valor, pero lo cuidaban, muchas veces sin tener medios económicos para ello.
—Para ser ladrón de arte hay que saber arte. ¿Qué formación recibió?
—La primera profesora de arte que tuve fue mi madre, que trabajaba como ilustradora de libros de botánica. Me enseñó a pintar antes que a escribir. Luego fui a academias y, finalmente, hice estudios de arte antiguo religioso. He estudiado mucho, porque me gustaba y he tenido excelentes maestros que me han transmitido su sabiduría.
—¿Cuál su especialidad?
—Dicen que soy uno de los mayores especialistas vivos en gótico y románico. Ésa ha sido mi elección y mi pasión. Nunca me han interesado otras épocas, aunque en mi juventud, cuando hacía algo tan poco correcto como es falsificar pintura, podía realizar cualquier tipo de cuadro, desde una madonna renacentista hasta un impresionista.