Diario de León

TOROS. FERIA DE SAN ISIDRO

La espada de Uceda y el recuerdo de Cebada Gago

Uceda Leal en la estocada a su primer toro.

Uceda Leal en la estocada a su primer toro.

Publicado por
juan miguel núñez | madrid
León

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La misma película del día anterior, de desesperación en el ruedo por la escasa aportación de los toros, y por ende, de tedio y aburrimiento en el tendido.

Aunque hubo un pasaje que podría, si no redimir la tarde, cuando menos aliviarla de tanto tormento. Porque para el recuerdo va a quedar la magnífica estocada de Uceda Leal al primero de su lote.

Estocada de manual, por la impecable ejecución del volapié, perfilándose en corto y por derecho, la vista en el morrillo, el «toque» abajo para que el toro descubriera, y atacando como una exhalación. El estoque quedó enterrado en todo lo alto. Todo en un santiamén. Y el toro, rodado. La muerte del animal fue instantánea. Una estocada candidata a premio, al tiempo si no aunque hayan transcurrido sólo dos tardes. Uceda saludó una ovación de mucho reconocimiento, y eso que en lo que debió considerarse faena no había tenido ninguna opción de lucimiento, por la mansedumbre y sobre todo por la nula fuerza del astado, que echó siempre la cara arriba, defendiéndose.

Estos registros sólo se dan en Madrid, plaza tan exigente como entendida, que rara vez pasa por alto lo verdaderamente bueno y emotivo como es el caso.

Y hablando de emotividad, el impresionante minuto de silencio que honró la memoria del ganadero propietario de Cebada Gago. Minuto de absoluto silencio, que fue más todavía por el llenazo en los tendidos, de respiración contenida en el rezo colectivo. A don Salvador García Cebada se le enaltece en su muerte por la gran aportación que ha hecho al toreo en tiempos muy controvertidos para el espectáculo por la falta de credibilidad que supone la imposición de tantas martingalas como tienen las figuras.

La corrida no se ha desperezado hasta la estocada de Uceda, y ha sido gracias sólo al torero, que tuvo un siguiente toro, el quinto, sin el mínimo fuelle, rodando varias veces como una pelota. Decepcionado el hombre, la faena fue un simulacro.

Otro tanto pasó con David Mora, quien a pesar de que su primero apuntó cosas buenas, al final también se vino abajo. Buenos lances en el recibo y un vistoso galleo por chicuelinas. Humilló el toro en la muleta, pero quedándose corto por el derecho y «rebañando» por el otro pitón. Al confirmante Esaú se la jugó bien el presidente al mantener en el ruedo al inválido animal de la ceremonia.

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