toros. FERIA DE SAN ISIDRO
Del Álamo malogra una faena casi redonda

Pase de pecho de Juan del Álamo, en su gran faena.
Juan del Álamo ha malogrado con la espada una faena que le hubiera lanzado a las ferias, un trasteo de mucha envergadura torera, por el buen manejo de terrenos y distancia, la arrogancia en la interpretación y la fe en sí mismo, quedándose a las puertas de un triunfo importante.
Juan del Álamo ha toreado de maravilla, dando la impresión de torero cuajado, y algo muy importante, con ambición. Resuelto y muy capaz, la imagen del salmantino ha sido de figura que se proyecta con una gran dimensión.
Muy sereno y sabiendo lo que se traía entre manos, Del Álamo lanceó a su primero con parsimonia y gusto. El toro ‘se metía’ por el lado derecho, llegando a ponerle en aprietos al rematar con la media. Así que abrió faena directamente al natural, con una primera tanda que trajo enseguida un buen ambiente. Siguió por ahí, y la faena a más.
Dos tandas más a derechas y otra final por el pitón bueno, el izquierdo, unas y otras salpicadas por los de pecho. Auténticos los de pecho, echándose al toro por delante de pitón a rabo. Y los adornos finales por bernadinas en espacio inverosímil. ¡Qué manera de arrimarse! ¡y qué toreo tan bonito!
El secreto, el paso adelante, todo lo que conlleva la ansiedad por el triunfo. La pretensión del joven salmantino fue más que un sueño por la clase que lució: muy encajada la figura, la templanza y el aguante. El toro sólo veía muleta, señal inequívoca de la actitud atacante de hombre, que resistía y tiraba de las embestidas con tanta calma como exquisitez.
Los movimientos curvilíneos marcaban inexorablemente un toreo de mucho ajuste. Y todo con inmaculada limpieza. Más que estética, verdadera hondura. Toreo grande que nunca debió acabar en el lamento por el fallo a espadas.
Ya son dos salmantinos en órbita. El otro, Eduardo Gallo, que el pasado día 6 también pegó un zambombazo en esta misma plaza, aún sin cortar orejas mitad porque el palco se las disimuló o porque tampoco mató con la contundencia debida. Gallo repite dentro de dos días, sustituyendo al lesionado Ángel Teruel. La competencia entre Gallo y Del Álamo puede poner a Salamanca otra vez de moda por sus toreros.
Del resto de la tarde, poco o nada reseñable. El mismo Del Álamo no pudo sacar nada en claro con el reservón e imposible sexto, siempre al acecho para irse.
Tendero -Miguel, hay que aclarar, ya que existe también Fernando, de La Mancha igualmente, y matador de toros asimismo con proyección- anduvo queriendo pero sin resolver frente a su primero, toro poco claro. Y apuntó un par de cositas en el comienzo de faena al quinto, que ‘se rajó’ al tiempo que se desangraba por un desmesurado puyazo.
Menos aún Tejela. Despegado, forzado y sin compromiso en el buen primero. El toro cuarto ya fue una quimera, ausente y sin rematar los viajes, lo que de alguna manera le vino bien a Teleja para justificar su desinterés.