Diario de León

Boto: «El monasterio del claustro de Más del Vent puede seguir en pie»

El historiador leonés estrecha el cerco a cinco cenobios de Burgos y uno de Segovia.

Detalle de uno de los capiteles del claustro románico.

Detalle de uno de los capiteles del claustro románico.

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cristina fanjul | león
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«Las pesquisas se circunscriben a Burgos y Segovia, y a tan sólo cuatro o cinco monasterios», detalla Gerardo Boto, descubridor del claustro románico de la finca de Palamós, para referirse a los cenobios a los que pueden pertenecer las galerías benedictinas. «Alguno de ellos, uno en concreto puede seguir en pie; el resto están desaparecidos», subraya Boto, que manifiesta que el proceso de ‘extinción’ debió de ser similar al que aquí sufrió, por ejemplo, el cenobio de Eslonza. «Casi todos desaparecieron con la desamortización y sus consecuencias, porque en aquel momento los conflictos sociales que tuvieron lugar fueron tremendos», precisa el profesor de la Universidad de Gerona.

Gerardo Boto no descarta ninguna posibilidad y en estos momentos investiga en el catastro de Ensenada y en el Instituto de Patrimonio Cultural. Y es que el historiador, que lleva dos años de estudios desde que descubriera en la revista Arquitectural Digest las fotos del claustro alrededor de la piscina de Mas del Vent, no puede esconder su perplejidad ante el hecho de que no quede huella alguna que pueda llevar al monasterio que cobijó las galerías que hoy atesora la finca de Palamós.

Con el fin de estrechar el cerco este mismo mes se realizará un estudio de la piedra que pueda orientar a los investigadores acerca de la cantera de la que proceden los frisos, pilares y capiteles que la familia Ortiz conservó hasta los años cincuenta. La Generalitat ha encargado el citado análisis al centro de Restauración de Bienes Muebles de Valldoreix. En cuanto el estudio sea finalizado, se cruzará con los datos del mapa litográfico de Castilla y León, con lo que en breve podría conocerse la cantera que suplió a los constructores.

Ayer mismo, Gerardo Boto declaraba que desde que el descubrimiento se hiciera público el pasado miércoles —el historiador lleva más de año y medio trabajando en el hallazgo— los acontecimientos le han obligado a retrotraerse cada vez más en el tiempo con el fin de encontrar el origen de una madeja difícil de desenredar. Y es que Boto está considerando la posibilidad de que las tribulaciones del claustro sean anteriores al año 1931, fecha en la que se cree que el anticuario Ignacio Martínez adquirió el tesoro románico. «Antes de llegar a Ciudad Lineal pudo haber estado en la finca de otro particular», adelanta el profesor, que prefiere ser cauto antes de dar más información y zanja la conversación con un enigmático «estoy intentando definir el círculo antes de cerrarlo».

Hay que recordar que Gerardo Boto fue capaz antes incluso de entrar en la propiedad que custodia el claustro de precisar con exactitud la época en la que tuvo que ser levantado: «Tuvo que ser construido en las dos últimas décadas del siglo XII». La explicación radica en el hecho de que el claustro tiene un relieve con el escudo de Alfonso VIII y el castillo heráldico de este rey no comienza a aparecer en sellos y monedas hasta 1.177, con lo que el claustro tuvo que ser levantado después. «Este dato es incontestable. En León, por ejemplo, había imagen heráldica treinta años antes», recalca.

La obra es muy semejante a Silos y Las Huelgas, puesto que, como en el caso de Palamós, las columnas dobles están esculpidas por separado y los capiteles, sin embargo, lo están en un solo bloque. Además, y para subrayar su posible origen burgalés, los capiteles atesoran representaciones animales y antropomorfas, así como elementos vegetales y propios de la mitología, como grifos, arpías y dragones. Una de las características más asombrosas del claustro es su dimensión: alrededor de 20,8 por 21,9 metros. Cada una de ellas presenta diez arcos sobre columnas y capiteles dobles, salvo en el medio, que es cuádruple.

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