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León

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Federico García-Lorca, Pedro Almodóvar, pero, sobre todo, el público de España, han sido para Chavela Vargas razón y fundamento de su existir los últimos 20 años porque aquí, «en la hembra de Europa», resucitó, se enamoró, dejó en prenda su alma y volvió «a la última hora» para pedir que no la olviden nunca. La dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena, como la describe su «retecuatachón» (superamigote) Joaquín Sabina en la canción Boulevard de los sueños rotos, no viajaba a España desde hace siete años y se obstinó en regresar porque aquí, según decía en el que fue su último concierto, el 10 de julio en Madrid, había dejado «empeñada» su alma y debía volver a recuperarla. La cantante, de hablar trabajoso y en silla de ruedas desde que una mañana no le respondieron las piernas, tomó la decisión de meterse «entre pecho y espalda» 13 horas de avión para viajar desde su casa mexicana a «su» casa española, la Residencia de Estudiantes, y homenajear en ella a Federico García Lorca con un concierto y la grabación de un documental.

El jardín de la Residencia se llenó aquella noche de «afortunados», como el propio Almodóvar, que pudieron escuchar a Vargas sola y acompañada por sus «escuderos», Miguel Poveda y Martirio, y disfrutar con un concierto «raro y único» lleno de amor a España y devoción por el poeta granadino.

Con el poeta, decía en su última comparecencia ante los medios, tuvo «un acercamiento» cuando se alojó por primera vez en la Residencia, en 1992. «Una noche de nostalgia pude recordar lo que no había perdido. No encontré a Federico, fue él el que, como un clavel que revienta, me encontró. A sus órdenes, le dije», relataba en presencia de Laura García Lorca, una de sus mejores amigas. Después de siete años ausente sostenía que España estaba «bellísima»: «No hay crisis, es mentira. Es la hembra de Europa y México el varón de América»

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