Diario de León

Inventora de una forma de cantar y de un estilo de vida

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concha barrigós | madrid
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A Isabel Vargas Lizano «le tocó» nacer en Costa Rica pero halló la vida en México, el país en el que se convirtió en Chavela Vargas y en el que su desgarrado «tempo», su androginia sensual y luminosa, «volteó» todas las convenciones para inventar una forma de cantar que desaparece con ella.

Vargas llegó al mundo en San Joaquín de Flores (Costa Rica), el 17 de abril de 1919, envuelta en muchos nombres -María Isabel Anita Carmen de Jesús-, pero desprovista, según ella misma cuenta en sus «memorias» («Dos vidas necesito. Las verdades de Chavela»), que nunca le dio, por razones nunca aclaradas, cobijo ni cariño.

Por eso, se empeñó desde muy joven en buscar su lugar en el mundo lejos de su casa, y, con apenas 14 años, tomó un avión a México y allí se quedó «para los restos».

Fue cocinera, chófer, costurera, vendedora de ropa de niños, de todo con tal de quedarse en el país que la atrapó y al que, decía, había llegado como «una niña loca».

Su vida artística empezó a los 30 años al lado de Pepe Guízar -el compositor del segundo himno oficial de México, «Guadalajara»- y aunque todos sus conocidos de la música le decían que dejara de actuar, que «cantaba horrible», ella sentía que lo suyo era precisamente eso.

De escándalo

Poco a poco fue creando su estilo, al principio para que nadie pensara que quería competir «con los grandes», como Guízar o Pedro Infante, y luego porque le proporcionaba la identidad que ambicionaba.

Le pusieron escote y tacones y pasó desapercibida y decidió ponerse «ropa de escándalo», es decir, «pantalón de manta, una blusa blanca muy sencilla y un jorongo», el «uniforme» que ya siempre la acompañaría aunque la gritaran «marimacha» cuando estaba de parranda con sus «cuates».

Sin trío, sin mariachi, sin grupo, sola con su jorongo y su guitarra, sin escándalo ni espectáculo, cantando desde el alma actuó en Nueva York, donde se sentía «en la gloria», y probó suerte en Cuba donde se consagró con Macorina, que al principio fue prohibida en México, y que fue convertida por la entonces activa guerrilla hispanoamericana, en su himno.

Chavela -«con ‘v’ y no con ‘b’, para joder»- grabó su primer disco en 1961 y se pasó por su «republicana gana» lo políticamente correcto.

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