Diario de León

Néstor Hernández Alonso catedrático de lengua y literatura

«La uniformidad ha invadido la cultura de nuestros pueblos»

Es el autor de ‘Calzada del Coto. Historia, lengua y toponimia’, aportación al conocimiento de una zona leonesa poco estudiada pero muy rica, «sobre todo en patrimonio oral, mantenido hasta nuestros días».

Néstor Hernández, autor de otros seis libros, algunos de poesía y otros sobre lenguaje deportivo.

Néstor Hernández, autor de otros seis libros, algunos de poesía y otros sobre lenguaje deportivo.

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e. gancedo | león
León

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Desde el adil (terreno sin cultivar, también se dice holgáu ) al nial (nido), pasando por todos los nombre de lugar y un exhaustivo recorrido por sus etapas históricas, la cultura del pueblo de Calzada del Coto ha quedado fijada en un libro que ya va por su tercera edición.

—¿Cómo surgió la idea de hacer este libro y qué objetivos se planteó a la hora de empezar a escribirlo?

—Un día, hace al menos quince años, alguien me enseñó unos documentos antiguos tomados del Archivo de la Junta Vecinal de Calzada del Coto. Me parecieron interesantes y decidí analizarlos, hallando en ellos múltiples noticias de la historia del pueblo. Después completé la información con los libros existentes en el archivo de la iglesia y con los encontrados en el Archivo Histórico de León. Con toda esta abundante documentación he ido construyendo la parte histórica. El análisis lingüístico y de la toponimia está más ligado a mi profesión como profesor de Lengua y al intento de contribuir a su conocimiento antes de que se perdieran para siempre, pues no es una comarca especialmente estudiada en este aspecto.

—¿También echó mano de la tradición oral y de otro tipo de fuentes de información?

—Sí, aparte de usar fuentes históricas, rigurosas y experimentales (en el libro apenas hay opinión), también hice encuestas y consulté mucha bibliografía relacionada con la zona, sin olvidar alguna fuente oral (cuadernos heredados de las cantoras, texto de la Adoración de los Reyes, etc). Todo unido a mi conocimiento del pueblo y a mi intensa relación con el mismo.

—¿Qué rasgos históricos curiosos destacarías? ¿Y alguna costumbre o rasgo etnográfico que se haya mantenido hasta el día de hoy?

—Calzada es un pueblo interesante, que tuvo la suerte de ser cabeza del coto del monasterio de San Benito de Sahagún y eso le permitió vivir toda la evolución habida en este poderoso cenobio, por eso se han mantenido tantas fuentes y por eso su historia resulta tan peculiar, a pesar de ser un pueblo con trescientos habitantes hasta después de la Desamortización, que supuso su libertad y su decadencia también. Carece de rasgos especiales, más bien se enmarca dentro de la cultura general de la zona, tanto en el plano lingüístico como en el cultural, especialmente en lo que respecta al patrimonio oral, muy rico y variado, recogido en el apéndice final del libro. Su principal mérito radica en el mantenimiento conseguido hasta nuestros días.

—¿Cuáles han sido las ‘constantes históricas’ que activaron la vida de Calzada a lo largo del tiempo?, es decir, ¿qué es lo que más ha preocupado a las personas de este pueblo?

—De Calzada lo conocemos casi todo, aunque tiene algunos periodos más oscuros que otros. Fue poblada muy pronto y desde su origen el cultivo del cereal y el viñedo, junto a los enormes rebaños de ovejas, han sido sus constantes. Hablamos de un concejo luchador, de una sociedad uniforme y trabajadora, que fue superando etapas difíciles a causa de las frecuentes epidemias y de los muchos tributos abonados.

—¿Qué futuro les espera a estos pequeños pueblos leoneses como Calzada?

—Calzada ha mejorado mucho, social y económicamente. Su futuro como pueblo está asegurado. Pero sí temo por la pérdida de lo más peculiar y auténtico de su cultura, invadidos como estamos por la uniformidad y la masificación. Hoy muchas palabras y expresiones ya se han perdido, las frecuentes concentraciones se han llevado por delante caminos, sendas, lagunas, valles... y con ellos la toponimia más original. Si mi libro contribuye a dar a conocer la vida de este pueblo, a mantener viva su cultura, habré enseñado a amarlo y a luchar por su mantenimiento. Con ello me sentiré muy bien pagado.

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