El invento del maligno
Sergio, el cocinillas
Pone usted a la mesa un rollo de ternera con salsa de pimienta y queda de primera con los invitados. Y sin gastar ni manchar mucho. Lo preparó el otro día Sergio Fernández en un pispás, con esa habilidad que tienen los cocineros de la tele de hacer que todo parezca sencillo.
El chef de Mariló Montero se ha ganado un hueco para él solo los fines de semana y tiene ya casi medio millón de fieles, los mismos que Anne Igartiburu por las tardes, para que se hagan una idea. Pocos para ella, y más que suficientes para él, porque no es el mediodía del fin de semana una franja muy competitiva. Así que no es mal promedio. Sergio no es un animal televisivo como Karlos Arguiñano, ni lo pretende.
Él no cuenta chistes mientras se calienta el horno. Él ameniza las esperas con consejos (‘no den frutos secos a los niños hasta que hayan cumplido los 3 años’), curiosidades (‘masticamos 10.000 veces al día’), soluciones prácticas (‘venden cebolla congelada ya picada’)... Y deja para el siguiente programa un truco: cómo lograr que la tabla de cortar no resbale en la mesa. Como Sergio cocina en la tele de todos, también tiene una campaña de promoción de nuestros productos que ya quisiera el Ministerio. El otro día, cecina de León. Y con ese ‘picoteo’ de una y otra cosa, entretiene el cocinero a los de casa mientras se va asando la carne y María José, discreta secundaria, va preparando la guarnición, troceando la zanahoria y sazonando la salsa. Ella es como cualquiera de nosotros, no pasa de aficionada. Y Sergio le enseña y le rectifica y el espectador se siente menos torpe. El chef de TVE no llegará a ser nunca tan popular como Arguiñano, pero puede estar orgulloso del programa. Sin ser una estrella, resulta igual de entretenido que el otro. O más.