Cuando el arte es una fiesta
Carlos Pérez Llorente participa en los Miércoles del Camarote Madrid.

El artista leonés Carlos Pérez Llorente junto a su obra.
Uno recuerda con cierto reverencial respeto los primeros viernes de mes de tiempos pasados, plagados de ayunos, rezos y salmodias. Y, a parir de ahora, recordaré también, por motivos bien diferentes, los primeros miércoles de mes del Camarote Madrid, que han convertido el mediodía de estos días en una ceremonia cultural de primer orden.
A la hora del ángelus se congregan en alborozada fiesta cultural, algunos de los nombres más destacados del siempre complicado y bullicioso mundillo artístico. Hay un altar en la fiesta, un pequeño espacio dedicado a presentar la obra de un artista brillante, ayer fue la del fotógrafo, y a veces pintor, Carlos Pérez Llorente, el hombre de los árboles desnudos y los contraluces mágicos, que colgará durante el próximo mes en tan popular escenario su obra, Paisaje azul con línea blanca, un bonito ejercicio de minimalismo fotográfico.
Para Félix de Agüero, que se permitió salir de su dieta casi monástica, con un sorbo de vino y dos croquetas de jamón, es asombroso «como con la fotografía se puede llegar a resultados plenamente pictóricos». Por su parte Ramón Villa, al que le encantan por igual los finos tomates de Mansilla y los marineros calamares fritos, recordó su reciente viaje a Portugal, «donde -dijo- he visto una paisaje muy parecido. Yo siempre me fijo en los árboles porque son uno de los motivos más repetidos en mis cuadros». Mientras, su hija, Nonia Villa, pintora de incipiente fama pero de gran futuro, recién desembarcada de Alemania, tomaba buena nota de todo porque muy pronto será ella la protagonista del evento.
En otro corrillo Sebastián Román, el inventor de rascacielos imposibles, confesaba estar recién aterrizado de un complicado vuelo en una compañía de bajo costo. Viene casi directamente de la Ciudad Eterna, donde posiblemente haga pronto una exposición de sus excelentes trabajos. Y comentaba aventuras con Juan Antonio Cuenca y Gonzalo Prieto que, naturalmente, acaba de ganar otro concurso más de Pintura Rápida y van este año… ¡ni se sabe!
Pablo «estilo», a partir del próximo mes Palo «EspacioE», es el sacristán de esta y de otras muchas actividades, y está calentando motores para abrir en noviembre una nueva sala de exposiciones, A su lado Katia Prada, recién llegada del Bierzo, mostraba dos de sus delicados y poéticos dibujos, otra joven y prometedora artista leonesa.
Y abasteciendo todas las tertulias Juan Carlos Uriarte, con su enorme humanidad, entre un vasito de tinto, a poder ser Ribera del Duero, y unos contundentes boquerones, comenta la ceremonia con Javi «Camarote», el que pone la sabrosa parte material en la fiesta, contando sus últimas aventuras escultóricas en Villarejo. Hubo mucha más gente guapa del arte y la cultura, pero me van a perdonar, porque entre tanto brindis y tanto acercarse al plato, a uno la reunión se le llena de brumas y es imposible recordarlos a todos. Pero creo haber visto que al final llegó Javier Carlón, que es compadre de Ramón Villa y que… bueno, pero esta es otra historia que reúne el arte con la buena mesa y que quizá algún día les cuente.