Diario de León
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carlos del amo | madrid
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Fue bailarín y boy de revista, incluso ascensorista, futbolista y boxeador con el sobrenombre de ‘El tigre de Chamberí’, pero, sobre todo, Tony Leblanc fue uno de los grandes cómicos del cine y la televisión de los años 60 y 70, momento en el que se retira para triunfar en los 90 de la mano de Santiago Segura.

Un fallo cardiaco acabó ayer con la vida de Ignacio Fernández Sánchez Leblanc, Tony Leblanc, Goya de Honor en 1993 y Goya al mejor actor de reparto por su papel de padre de Torrente, de Santiago Segura, en Torrente, el brazo tonto de la ley.

Fue un imprescindible de aquellas películas de la sobremesa en blanco y negro de los sesenta y setenta, y de los primeros programas de variedades de Televisión Española, en donde inmortalizaría a personajes muy conocidos de la época como el niño Cristobalito Gazmoño, el profesor Don Anselmo Carrasclás y el boxeador Kid Tarao.

A Tony Leblanc desde muy pequeño le dio por la danza, sobre todo el claqué -llegó a ser campeón de España-, pero su padre decidió que había que llevar dinero a casa y le puso a trabajar como botones y ascensorista en el Museo del Prado, en donde el trabajaba como conserje.

En plena Guerra Civil hacía bulto en los espectáculos de Pastora Imperio, incluso trabajó de extras en alguna que otra película y a principios de los cuarenta hizo de boy en las revistas de Celia Gámez, consolidando su carrera como actor de teatro con Paloma, palomita, palomera, Te espero en Eslava o Ven y ven al Eslava.

Aunque hizo algún que otro papel dramático para el cine, como en Los últimos de Filipinas ( 1944), de Antonio Román, lo suyo fue lo de ejercer de galán cómico, de ahí que hiciera las delicias de los espectadores en cintas como Historias de la televisión ( 1965), protagonizada junto a Concha Velasco, su pareja cinematográfica por excelencia en filmes como Las chicas de la Cruz Roja, Amor bajo cero o Los tramposos.

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