Reche, el artista que pinta la belleza, expone en León
Expone sus lienzos hiperrealistas en la galería Bernesga.

El artista vallisoletano Enrique Reche ante una de las obras que expone en León.
En los últimos tiempos ser pintor hiperrealista es algo que no está demasiado bien visto. Cuando la mayoría de artistas olvidan la técnica pictórica y pasan ampliamente de perspectivas y estructuras de composición, quienes se dedican a retratar la realidad con sumo cuidado, practicando los antiguos cánones, merecen, equivocadamente, el desprecio de muchos.
El vallisoletano Enrique Reche. Es uno de esos locos románticos que piensan que para hacer arte hay que buscar los cimientos en la belleza. Y que para pintar hay que estudiar profundamente las viejas fórmulas magistrales. Reche pinta como los clásicos, pero como ellos lo harían en pleno siglo XXI.
El pintor ofrece en sus trabajos un impresionante realismo simbólico salpicado con interesantes toques de surrealismo, en unos sugerentes bodegones en los que la sencillez de los motivos tratados contrasta con unas conseguidas texturas. «Siempre me interesó el realismo -explica el artista- y esa meta ha sido una lucha constante en los últimos veinticinco años. El resultado puede verse en esta exposición en la que pretendo llegar a motivos hiperrealistas, pero siempre intentando que dejen en el espectador un interrogante, una sugerencia, no sólo la presencia del objeto en sí y la plasticidad que pueda contener, sino también un mensaje subliminal».
Lo que está claro en la obra de este artista es que no renuncia a la modernidad. «Uno tiene que vivir en el año que le ha tocado para que su trabajo implique a la persona con su tiempo».
En cuanto a técnicas, Enrique Reche trabaja especialmente con el óleo y la acuarela, y lo hace con el cuidado exquisito de alguien que ha aprendido de la experiencia, de que ha tenido que bucear en los clásicos para poco a poco ir construyendo su técnica propia. La primera mirada del espectador sobre sus lienzos, se encuentra con la espartana sencillez de sus motivos. Con unas frutas y unas flores captadas, así los cuenta el artista, «en ese momento mágico en el que se pasa de la plenitud a la decrepitud, en la frontera entre la belleza extrema y la extinción de la vida». No es fácil reflejar ese instante en cada lienzo, en cada papel, buscando siempre la máxima expresión de los colores.
Enrique Reche es otro de esos artistas que pinta en su estudio acompañado de la música, pero que en sus cuadros siempre impera el silencio. Sus bodegones no se explican, no se entienden acompañados de sonidos más o menos modulados, están impregnados de ese profundo silencio de la penumbra en la hora de la siesta, cuando el sol manda despótico derramándose sobre las llanuras de Castilla.
Pintura mágica, magníficamente resuelta por un artista que adora apasionadamente la belleza.