«La obra de Sierra Pambley fue un experimento de intervención social»
La Residencia acoge un homenaje a la obra del filántropo leonés, que cumple 125 años.

Elena Aguado, Salvador Gutiérrez, José García Velasco y Luis Mateo Díez, en el acto.
«Lo que España necesita son hombres», solían decir los institucionistas. La Residencia de Estudiantes acogió ayer un tributo a uno de ellos, Francisco Sierra Pambley, cuya obra filantrópica cumple este año 125 años. Elena Aguado, Luis Mateo Díez y Salvador Gutiérrez desvelaron en la Colina de los Chopos la actividad de este leonés genial, definido por Bartolomé Cossío como «una extraordinaria y armoniosa conjunción de libertad y aristocratismo».
Y es que este ilustrado invirtió su vida en el empeño de conseguir que su riqueza moral y económica revirtiera en la sociedad. Entre los hitos pedagógicos que crecieron en León y Zamora gracias a la liberalidad del filántropo están la escuela Mercantil y Agrícola de Villablino, la de agricultura de Hospital de Órbigo, las aulas de Villameca, la de Moreruela de Tábara, la Escuela Industrial de Obreros de León y la granja escuela del Monte San Isidro.
La profesora de la Universidad de León Elena Aguado se refirió a la relación de la Fundación con otras instituciones de la época, tales como la Comisión de Reformas Sociales, y la situó como parte de las ideas internacionales que defendían la responsabilidad social de la riqueza. Aguado explicó que la Comisión de Reformas Sociales se creó para estudiar las soluciones a la conflictividad del trabajo. Uno de los organismos que mayor participación tuvo fue precisamente la ILE, cuyo informe daba una serie de pautas acerca de la formación de los trabajadores.
«La obra de Sierra Pambley no fue una feliz casualidad, ni una anécdota localizada en León», destaca la investigadora. Aguado desvela que las escuelas creadas por Sierra Pambley fueron la materialización de una corriente de pensamiento que defendía que la reforma democrática y liberal de la sociedad debía contar con sus clases más desfavorecidas. «Sierra Pambley quería formar a los trabajdores para que fueran directores inteligentes de su trabajo. Era una proyecto claro de formación de clases medias», explica Elena Aguado, que añade que la de la ILE fue una tercera vía, opuesta tanto al anarquismo como al conservadurismo. «Fue una experiencia de intervención social, no un simple asunto local».
El acto, que contó también con la participación de Luis Mateo Díez y Salvador Ordóñez, acogió además la presentación de la obra Las lecciones de las cosas , que ha sido coeditado por la Residencia, la Fundación Sierra Pambley y la Giner de los Ríos. En esta obra, el escritor lacianiego relata el viaje en diligencia que en el invierno de 1885 realizaron Gumersindo de Azcárate, Bartolomé Cossío y Francisco Giner a Villablino, viaje que alumbró todo el legado de Sierra Pambley. «Fue un viaje pedagógico, regeneracionista, que dejó una huella indeleble en el valle», destaca el creador del universo de Celama». Díez destaca que ese viaje, que tantas veces ha recreado en su imaginación, forma parte de sus «arquetipos literarios». El escritor también se refirió a la relación entre Francisco Sierra y Bartolomé Cossío. «Puede que su condición de huérfanos fuera una de las razones de la conexión especial que siempre tuvieron ambos prohombres», explicó.
Por su parte, el académico y presidente de la Fundación, Salvador Gutiérrez, repasó los nuevos proyectos, subrayando las clases de español para inmigrantes, la apertura del museo y el edificio que se construye en Villablino para que sea residencia de estudiantes, albergue juvenil y centro de educación infantil.