Diario de León

El equipo de Viñayo cataloga el legado documental que dejó el abad

Se trata de originales, clases magistrales y conferencias del sabio de San Isidoro.

Antonio Viñayo, abad emérito de San Isidoro, fallecido el pasado 13 de diciembre.

Antonio Viñayo, abad emérito de San Isidoro, fallecido el pasado 13 de diciembre.

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cristina fanjul | león
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Son cientos de miles de papeles y legajos que Antonio Viñayo no tuvo tiempo de ordenar y catalogar. La enfermedad cogió a contrapié a un hombre que nunca descansó. Su última obra fue el archivo capitular que presentó hace dos años y que editó la Universidad de León, una obra que compila el índice de toda la documentación en papel y de los pergaminos incorporados entre 1172 y 2005 y que fue el resultado de más de cuarenta años de trabajo.

Ahora, su equipo, integrado por Camino Redondo, Rosa Fernández, Manuel Álvarez y Reyes González, se han puesto manos a la obra para organizar todo lo que quedó fuera de este archivo y que constituye el legado personal del sabio.

Entre estos papeles está gran parte de la ingente documentación de Oviedo, los trabajos que el abad emérito desarrolló como responsable de la Cátedra de San Isidoro, su actividad pastoral y personal y sus clases magistrales en las facultades de enfermería, turismo o en el Intercolegial. Camino Redondo alude también a las conferencias que Viñayo impartió, así como sus originales. Además, destaca que, a pesar de que aún es pronto para decirlo, puede que se encuentren numerosos originales del erudito. «El problema al que nos enfrentamos es que no disponemos de dotación presupuestaria, con lo que tenemos que realizar este trabajo sacando tiempo de donde podemos», manifiesta Camino Redondo, que considera que al menos hasta dentro de dos años no se sabrá el alcance de todo el legado de Viñayo. «La colección es amplísima, y dará para publicar un segundo volumen del primer archivo capitular», subraya.

De momento, el equipo se encuentra enfrascado en la clasificación por temas de todos los papeles, realizando un regesto de cada uno de ellos, una tarea ingente.

No hay que olvidar que el archivo de la Colegiata se enriqueció gracias a numerosas donaciones de las que Antonio Viñayo se convirtió en fiel custodio. Así, cabe destacar el archivo de Luis de Sosa, de Luis Menéndez Pidal, José Álvarez Miranda o Plubio Suárez. La memoria de la Colegiata comenzó a fraguarse en 1957, cuando el abad emérito extendió todos los papeles en una gran sala para recomponer el puzzle desencajado por las citadas «invasiones». «Busqué las raíces del archivo primitivo y me di cuenta de que había tres o cuatro archivos separados: el del abad, el capitular, el de la fábrica de la Iglesia y el de las propiedades de la Colegiata», ennumeró durante la presentación del Archivo Capitular.

Así, en esta obra, pueden encontrarse joyas como la copia de una bula de Alejandro III (1176) sobre la confirmación de donaciones reales a favor del abad Martino y del convento de San Isidoro o la cédula rel rey Fernando el Católico (1468) en la que hace merced al convento de un solar en la plaza a condición de que no se edifiquen ccasas o la autorización del privilegio de los reyes Fernando y Sancha sobre el traslado del cuerpo de San Isidoro a la iglesia de San Juan Bautista.

Ya en época moderna, se pueden hallar ordenanzas reales en las que, por ejemplo, el rey Carlos III ordena que los eclesiásticos, seculares y regulares se abstengan de hacer declamaciones y murmuraciones contra el gobierno. Asimismo, constan en el trabajo los archivos particulares que se han ido incorporando a la Colegiata, como el de Luis de Sosa y Tovar, Publio Suárez Uriarte o Luis Menéndez Pidal. Este último fue el arquitecto conservador de todos los monumentos de León, Zamora, Salamanca, Asturias y Galicia. Así que sólo acudiendo a San Isidoro podrán los investigadores estudiar los planos de la Catedral, San Isidoro, San Miguel de Escalada, los de la columna trajana o todo el románico y el prerrománico asturiano. El archivo de Luis de Sosa reúne 2.500 documentos que sus descendientes legaron a la Colegiata.

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