Diario de León
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Opinión | josé maría cillero

Es cierto que a Telecinco se le puede reprochar cómo resuelve el sábado-noche. Ya puestos, también merezca afearle cómo resuelve la hora del aperitivo y la tarde de lunes a viernes, el viernes-noche y, ahora que vuelve G.H., cualquier día de la semana. Pero por centrarnos en los sábados, aún está reciente el desenlace de aquel boicot de un bloguero que obligó a la cadena a retirar La Noria y a cambiarla por El gran debate tras unas millonarias pérdidas en publicidad. Pero la amenaza de querella del PP contra el espacio producido por La Fábrica de la Tele —la misma de Sálvame, Sálvame Deluxe y la extinta Noria — por cómo abordó el sábado la información sobre las cuentas suizas de su extesorero y el supuesto reparto de sobres con dinero entre dirigentes solo es comprensible desde la certeza de que la formación de Rajoy ha abandonado la senda del nerviosismo para deslizarse por la de la histeria desatada. Nada en las varias horas de emisión supuso una novedad respecto a las informaciones previas de prensa, como el mismo presentador se encargó de dejar claro casi a cada minuto. Ni siquiera podía acusarse al programa de tomar partido por ninguno de los bloques de tertulianos, unos más críticos con el PP y otros más afines. Todos pudieron desarrollar sus planteamientos y hubo momentos de lucimiento a ambos lados. Otra cosa es el ‘estilo Panenka’ con el que Verstrynge respondía a las preguntas —difícil saber si mataba o espantaba—, que llegó a incomodar al mismo Jordi, o la capacidad para llegar a la gente del expresidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Pero ni uno ni otro dejaron acusaciones merecedoras de querella. El argumento de la contertulia Edurne Uriarte sobre el «enorme impacto» de un programa (2,1 millones de televidentes) puede explicar la reacción, pero no justificarla. Tanto celo por lo que contaba Telecinco y tan poco por otros contenidos refuerzan un argumento muy extendido hoy. La clase política reacciona para defender la hacienda o el prestigio propios con la rapidez que no exhibe cuando los posibles perjudicados son otros.

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