La crisis ‘echa’ a Bartha de León
El artista rumano, que emigrará a Suiza, se despide con una exposición en San Marcelo.

El artista rumano afincado durante quince años en León, László Bartha, con las obras que expone en San Marcelo.
Medio centenar de artistas, de pintores que en muchos casos han dado las primeras pinceladas bajo su experta dirección, han querido hacer un merecido homenaje a un ciudadano del mundo que durante quince años ha vivido como un leonés más. Es rumano, de origen húngaro, y acaba de recibir la nacionalidad de ese país, de Hungría. Con ella bajo el brazo László Bartha se buscará la vida en Suiza, donde ya vivió una corta etapa en el periplo que le traería a León.
László ha visto con el transcurso del tiempo como un país ilusionante y lleno de posibilidades le iba cerrando sus puertas. «La crisis ha llegado poco a poco, sigilosamente, muchas veces he llegado a pensar que las cosas empezaban a mejorar de nuevo, pero ha llegado el momento de admitir que hoy, en León, en España, tengo muy pocas posibilidades. Me duele dejar esta tierra en la que cuento con infinidad de amigos. Esta ciudad que me abrió sus brazos y donde me encuentro maravillosamente… pero no queda más remedio. En Suiza he trabajado anteriormente en temas de decoración y ambientación de interiores y desde allí me hacen una proposición que no puedo rechazar. Pero creo que más pronto que tarde volveré, nunca podre olvidar a mis amigos leoneses», afirma.
Cuando Bartha desembarcó en León, hace poco más de quince años, se incorporó a un proyecto de enseñanza ilusionante, junto a otros tres artistas leoneses, Francisco Redondo, Juan Villoria y Miguel Ángel Febrero, que era el director de la academia que llamaron Centro Leonés de Arte. Vendría poco después el tremendo golpe que supuso la grave enfermedad de Febrero y, desde el 2002, Bartha ha sido quien ha llevado la batuta de esta escuela por la que han pasado cerca de doscientos alumnos.
László Bartha ha participado en innumerables concursos de pintura al aire libre, consiguiendo importantes premios. También ha triunfado como pintor de caballete, donde ha logrado galardones como el concedió por el Colegio de Arquitectos por un cuadro que recogía una visión mágica del Musac.
Su actividad se mueve en tres campos diferentes, aunque siempre en intenso contacto con el mundo artístico, la decoración, la pintura y la enseñanza. Su ilusión hubiera sido dedicarse plenamente a llenar lienzos con su poderosa pincelada, pero es muy difícil vivir exclusivamente de la pintura. Junto a su esposa Doina ha buscado siempre la estabilidad para sus hijos, Andrea y Raúl. Por ello no ha dudado en realizar otras labores, como la de decorador, de la que ha dejado abundantes muestras en muchos establecimientos hosteleros de la provincia. Y también como restaurador, interviniendo en artesonados y paramentos de algunos edificios como la Fundación Vela Zanetti o el Palacio Episcopal.
A Bartha se lo lleva el torrente helado de la crisis, pero sin duda volverá a León. Sus alumnos le despiden con una gran exposición en la que presentan obra cincuenta artistas de todas las edades y todos los estilos, desde niños, hasta pintores ya consagrados. Ellos han sido sus alumnos y le dicen un cariñoso adiós desde la sala municipal de exposiciones de San Marcelo con la muestra Una década de colores.