San Jorge se lame las heridas
Corrían los años cincuenta cuando se restauró por última vez. Sesenta años después, el héroe catalán será rehabilitado para salvarlo de la erosión y la falta de estabilidad.

La escultura de Roerto Matamala fue realizada por Antonio Cantó en piedra en el año 1893.
La Lanza del San Jorge se resquebraja. Casi un siglo después de su nacimiento, el arma con el que el guerrero derrota al drágon pasará por el taller para recuperar su tensión original. La empresa que se encargará de la rehabilitación de la figura, Esoca, destaca en el proyecto que la corrosión ha producido recrecimientos de materia que pueden llegar a quebrar la estabilidad del elemento de sujección. El responsable del proyecto advierte además de que por el momento y hasta que no comience la restauración no pueden conocerse las dimensiones exactas de las grietas, o si existen grapas y otros anclajes metálicos. «Sin duda la acción de los agentes físicos, especialmente el agua, ha provocado distintas patologías: variación del volumen de los capilares e intersticios, disolución de la piedra, etc».
El proyecto de restauración plantea, entre otros tratamientos, la eliminació de morteros de restauración, el saneamiento de fragmentos pétreos desprendidos y el análisis del origen de las fisuras. Además, se repondrán los fragmentos que se han desprendido y se sellarán las grietas y fisuras. «La importancia de esta fase es capital puesto que de esta manera se evitan las vías de penetración de agua».
El San Jorge se colocó en el edificio el 15 de septiembre de 1893 y fue realizado por Roberto Matamala en los talleres de la Sagrada Familia. En un principio iba a ser colocado bajo un baldaquino, pero Gaudí retocó la idea y suprimió el marco. Finalmente fue tallado en piedra por Antonio Cantó.
La figura del dragón —un caimán— la tomó Gaudí de uno de los modelos de reptiles de los contrafuertes del ábside de la Sagrada Familia.
Restauración anterior
Desde el año 1950 se produjeron, de manera sucesiva, progresivos síntomas de degradación en la figura de San Jorge: la mandíbula del dragón se desprendió y la piedra en general aparecía erosionada, hasta el punto de que durante algún tiempo se ponderó la posibilidad de sustituir la escultura. Según una leyenda que entonces circuló por la ciudad, la escultura fue herida por una chispa de un rayo, que lo dañó de manera irreparable. Incluso se llegó a pensar —en una muestra de leonesismo rancio— en colocar una Virgen del Camino en lugar del héroe ‘catalán’. Desde la prensa barcelonesa de la época se defendía sin embargo la permanencia de San Jorge como exponente fundamental de la idea de Gaudí. Al final, en los primeros meses de 1953, se decidió rehacer el grupo del santo con el dragón vencido. Fue la Junta administrativa de la Caja la que, por razones de urgencia, acordó desmontar la figura.
Fue entonces cuando, una vez removida, se encontró un tubo de plomo con los planos de la planta baja y del alzado sobre la plaza de San Marcelo, así como una comunicación, con carácter de acta, suscrita por Mariano Andrés y José y Aquilino Riu, con fecha de 15 de septiembre de 1893, así como dos ejemplares del periódico El Campeón, documentación conjuntada con la voluntad de proporcionar información a las generaciones futuras: «... Y por último, el San Jorge que se coloca hoy en este sitio en cuyo pedestal se deposita este documento, fue tallado en Barcelona con arreglo al modelo vaciado por el Sr. arquitecto S. Antonio Cantó. El tiempo empleado en la construcción fue de diez meses». Ahora, vuelve al taller y, quién sabe, puede que se encuentre algún secreto más...