Las cenizas de la infancia
El director gordonés Carlos Balbuena rueda en Santa Lucía una película sobre sus recuerdos

Uno de los fotogramas de la película: el pueblo desde el tren
La vieja casa de los abuelos, el frío de la nieve, los restos de carbón en las paredes, el reencuentro con un amigo de la niñez. Volver al pueblo y a la memoria. La película Cenizas, que el director gordonés Carlos Balbuena está rodando estos días en Santa Lucía de Gordón es un viaje a la infancia y sus rescoldos. Una película que estará finalizada el próximo mes de octubre y que ha supuesto varios años de preparación.
«Al fin y al cabo es mi historia, el recorrido por los sitios de mi infancia», explica.
Con nueve años Balbuena se fue a vivir a Barcelona, donde después cursaría los estudios de Cine en la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, pero los veranos seguían perteneciendo al pueblo, a Santa Lucía. A los paseos con sus abuelos, Joaquina y Rufino, que era ‘componedor’ de huesos, a las siestas estivales sobre el colchón de lana, al paso del tren y al carbón, carbón por todas partes.
«Las paredes ennegrecidas de las casas, las cenizas extendidas por las calles, las viejas vagonetas abandonadas en los descampados, las vías muertas que se introducen en la montaña y, por supuesto, el severo deterioro del entorno provocado por las explotaciones a cielo abierto», enumera Balbuena. La vida y accidentes (también geográficos) de un pueblo minero.
El largometraje ha supuesto un coste de aproximadamente 10.000 euros, de los que 3.540 se han conseguido a través de aportaciones populares mediante crowdfunding (donaciones a través de Internet).
Los actores son también de la zona. El protagonista, Jorge Tejerina, es un prejubilado minero de Ciñera. Él es quien encarna a ese hombre que vuelve a su pueblo, Santa Lucía, después de muchos años y se encuentra en él con los cambios que el paso del tiempo siempre comporta.
«Los lugares que solía frecuentar, los olores intensos de la naturaleza, los pocos habitantes que quedan en el pueblo, la mayoría ya ancianos, y el reencuentro con algún antiguo amigo despiertan en él una serie de recuerdos difusos y cercanos a la pesadilla que le sumen en un estado de introspección y ansiedad», explica el director.
Balbuena ha rodado en varios lugares representativos de Santa Lucía: sus calles y montes, la iglesia, el cementerio y la mina de la Hullera Vasco Leonesa.
La esencia de la película es crear una historia en torno al viaje y el discurrir del tiempo a través del espacio emocional y también físico. La peripecia del protagonista en busca de respuestas «se convierte en un áspero diálogo con el entorno», destacan sus promotores.
También aparece una referencia a la existencia de fosas comunes de la Guerra Civil pendientes de exhumación en la zona exacta en la que se rueda la película. «De alguna forma sentimos que debíamos hacer alguna referencia a ello: cuestión de justicia», destaca Balbuena.
Con este proyecto el director de cine gordonés se estrena en el largo después de los cortometrajes Detalles Sórdidos (2007) y Un poco de sal para la lubina, ganador del premio del público en el Festival Video Jove d’Alella en 2005.