Diario de León

Las pinceladas leonesas de Sorolla

El maestro pasó varias temporadas en la ciudad y recreó algunos de sus escenarios más emblemáticos.

‘Villagers from León’ de Joaquín Sorolla, en la Hispanic Society of America.

‘Villagers from León’ de Joaquín Sorolla, en la Hispanic Society of America.

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cristina fanjul | león
León

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Este año se conmemora el nacimiento, 150 años atrás, de Joaquín Sorolla y Bastida. Hubo un tiempo en el que el pintor cambió la luz deslumbrante del mediterráneo por la la intensidad cromática de León. Fue a principios del siglo pasado —entre 1902 y 1915— y ocurrió gracias a la labor filantrópica del norteamericano Archer Huntington, fundador de la Hispanic Society of America. Fue en 1910 que el magnate encargó al artista español una serie de lienzos para la biblioteca del edificio que se convirtió poco después en el epicentro de la actividad de la institución.

En un principio, Huntington tenía la intención de que este lugar fuera adornado con los episodios más importantes de la historia de España, pero Sorolla le convenció para que realizara un monumental friso con los paisajes más característicos del país. Fue así como se concibió Visiones de España, tarea a la que el artista se dedicó de manera ininterrumpida desde 1911 hasta 1919. Fue durante este periodo cuando Sorolla inmortaliza algunos escenarios leoneses.

Sin embargo, el genio valenciano ya conocía la provincia. De hecho, la había visitado en 11903, año en el que se produjo la reconsagración de la Pulchra tras una larga restauración. Fue entonces cuando recreó parte de la portada de la Virgen del Dado de la Catedral de León y se sumergió en una escena popular en la plaza de Astorga, y puede decirse que fue en estos años cuando el artista comenzó a interesarse por los paisajes del interior de España.

Con posterioridad, y ya cumpliendo con el encargo del mecenas norteamericano regresó para plasmar sus Visiones de España . A este momento pertenece la obra Villagers from León , en la que captura de manera magistral la situación de una provincia que, pese a la temprana industrialización del país, sigue anclada en el mundo rural. El que fuera director del Museo Sorolla, Florencio de Santa Ana, destaca que si bien la imagen de la meseta se traduce en paisajes sobrios y austeros, edificios recios y oscuros, «Sorolla supo retratar estas imágenes con su realismo, impresionismo y casi fauvismo, utilizando trazos atrevidos: violetas, morados…… reflejando los pórticos y los lugares, sin marcar los rasgos, pero definiendo completamente las formas en su obra, con el color».

Pero este no es el único nexo que une a León con Sorolla. Y es que hace aproximadamente diez años el Museo de León recibió una herencia asombrosa: un conjunto de lienzos del pintor que formaban parte de un legado testamentario de Josefa Díez González.

Misterio veneciano

Tres de ellos están firmados por Sorolla, el cuarto llegó como un anónimo. Todo parecía indicar que se trataba de un cuadro de la escuela veneciana, pero poco a poco los expertos llegaron a la conclusión de que se trataba de un juego, un entretenimiento, una ‘suplantación de la identidad creativa’ con la que Sorolla había tratado de emular a sus admirados maestros del Renacimiento. «El cuadro retrata a alguien como si fuera un dogo veneciano», explica Luis Grau, director del Museo de León, para quien el secreto de este cuadro —pintado sobre una tela del siglo XVIII reaprovechada— podría estar en el hecho de que se trató de un ejercicio con el que el pintor ‘hacía mano’, un entrenamiento pictórico. Además, también puede verse en el museo el autoretrato más temprano que se conserva del artista, una escena taurina con la imagen de dos picadores y el retrato de un hombre desconocido.

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