Trazos inmersos en la metafísica
El artista berciano Pako Coedo muestra sus paisajes deshumanizados en las salas de El Albéitar en una muestra que bebe de la influencia de artistas como Chirico.

Imagen de uno de los lienzos que pueden verse en la exposición.
Los artistas bercianos nacen por generación espontánea. No hace falta cultivarles, ni motivarles, son tan naturales y espléndidos como los paisajes de esa hermosa comarca leonesa. Un buen ejemplo es este gran pintor que por primera vez está exponiendo en su tierra. Primero fue en Ponferrada, y ahora muestra su interesante producción pictórica en el Albéitar de la Universidad de León. Se llama Pako Coedo y es amante del surrealismo entendido desde un ponto de vista arquitectónico y lleno de soledades que recuerda las pinturas del artista italiano Giorgio de Chirico.
Según explica Pako Coedo, él llegó a la pintura de una forma muy tardía. «Yo nací —explica— en un pequeño pueblo berciano colindante con las montañas lucenses, al lado de Piedrafita. Cuando yo era un niño me trasladé con mi familia a Bilbao, en busca de un trabajo para mi padre. Allí pasé toda mi infancia y buena parte de mi juventud, hasta que ya en solitario decidí irme a vivir a Málaga, donde resido desde hace once años. Hice Bellas Artes en Bilbao, aunque no terminé la carrera por ciertas circunstancias personales».
Los cuadros de Pako Coedo reflejan un extraordinario dominio de la técnica y una elegante interpretación del paisaje, siempre, como decíamos, plasmando en sus lienzos una intensa sensación de soledad, de misterio, con patentes alegorías a un mágico silencio. «Hoy muchos críticos que definen mi obra como hiperrealista —asegura— pero yo bebo fundamentalmente de las influencias de Chirico. Intento como él buscar la metafísica de las cosas, de los paisajes, de la arquitectura. Me baso en edificaciones que existen en la vida real, pero las reinterpreto añadiendo efectos de luz, color y composición para que digan algo, para que expresen más que la realidad de sus estructuras».
Pako Coedo no pinta por pintar. «No —asume— utilizo la pintura para conseguir unas obras que expresen mis sensaciones, mi estado de ánimo, mi realidad interior. Creo que lo importante, más que representar cosas, es expresar algo, hacer salir a flote el pensamiento y los sueños del artista, en este caso del pintor».
Un artista que ha sabido crearse un fantástico mundo interior y que, además, es capaz de reflejarlo de forma notable en sus lienzos. Pinturas de importantes tamaños y poderoso colorido que obligarán al espectador a realizar un ejercicio de meditación que le haga sintonizar con el universo expresivo del artista. Así es la metafísica plástica de Pako Coedo, otro gran pintor berciano.