Diario de León
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León

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Crítica de televisión yolanda veiga

En uno de estos soporíferos veranos televisivos Telecinco ideó un engendro piscinero y puso a competir a guapos contra listos. Nadie es perfecto se llamaba aquel programa, que resultó ser en realidad una competición de feos contra tontos. Los primeros eran los típicos empollones regordetes debatiendo sobre lo divino y lo humano; y los otros cachas y siliconadas de gimnasio que no sabían ni multiplicar por tres. Modelos y misses (¿acaso no les dejaban ir a la escuela?) contra licenciados gafotas. Trabajando por acabar con los estereotipos, vaya.

Cuatro ahonda en la misma patética idea con Un príncipe para Corina . Desde que vimos el vídeo de promoción, con esa rubia vestida de rosa perdiendo un zapato cual Cenicienta moderna, supimos que no había que tomárselo en serio. Y los candidatos a conquistar el corazón de la tal Corina ratifican esta tesis. La cosa tiene toda la pinta de ir de príncipes y ranas, otra vez guapos contra listos (o tontos contra feos).

En el primer grupo, el muñeco de Michelín pero sin michelines, un adicto al gimnasio al que le gusta «el tema este del cristianismo y eso»; y un chaval con tupé que navega en sus ratos libres en el barco de papá. El otro grupo es el de los llamados nerds , traducido al castellano: ratones de biblioteca. Un gordo y un flaco que devoran cómics y son fanáticos de los ordenadores.

Los cuatro intentarán conquistar a esta Corina que han presentado como una princesa de cuento, pero que en realidad en una choni de barrio, aunque el engaño no se descubrirá hasta el final. Aquel programa de feos contra tontos, como fue el primero, tenía el gancho de lo nuevo y hay que reconocer que los concursantes se esmeraron (una lerda, muy en su papel confundió a María Teresa Fernández de la Vega con Teresa de Calcuta).

Pero ¿dónde está el atractivo de Un príncipe para Corina ? En ningún lado. Y los de casa igual somos muy feos, pero tan tontos... no.

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