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«Haciendo el Camino descubrí que podía ser un juez sin miedo»
Vázquez Taín presentó en el Club de Prensa su novela ‘Santiago. La leyenda del santo oculto’ .

Ernesto Escapa, José Antonio Vázquez Taín, Pablo Lago y Juan Carlos Suárez Quiñones, en la presentación de ‘Santiago. La leyenda del santo oculto’, en el Club de Prensa.
Santiago como el gran misterio. Santiago como el símbolo que subyace y trasciende a aquella ciudad y catedral gallega y que viene haciendo, por sí solo, que miles de personas de todos los credos, edades y religiones emprendan cada año una peregrinación única, iniciando un camino interior del que cada uno saca su propia experiencia, su propia lección. Ese misterio indescifrable es, en realidad, el verdadero protagonista de Santiago. La leyenda del santo oculto , la novela que el juez José Antonio Vázquez Taín, azote del narcotráfico y juez instructor en el célebre robo del Códice Calixtino, dio a conocer ayer en el Club de Prensa de DIARIO DE LEÓN. Y así se puso de manifiesto durante un encuentro muy participativo en el que acompañaron al autor el también magistrado y subdelegado del Gobierno, Juan Carlos Suárez-Quiñones, el escritor y periodista Ernesto Escapa y el director del Diario, Pablo Lago.
Alejado del perfil de «juez estrella, engolado y de corte», más «aguerrido y provinciano», y por tanto más próximo a los problemas del día a día, amén de irónico, bonachón, gran contador de historias y dueño de una socarronería que no le es ajena al leonés: así definió el director del periódico a Vázquez Taín, látigo de narcotraficantes pero que ayer en la capital desnudó un alma que ante todo –lo dejó claro- cree firmemente en el ser humano: «Hay luz en el futuro del hombre, si el hombre se da una oportunidad». Y así, Suárez-Quiñones alabó el rigor y la amenidad de La leyenda del santo oculto , máxime teniendo en cuenta que «no es fácil pasar del frío estilo judicial a cualquiera de los géneros literarios» y Ernesto Escapa, tras vencer su habitual prevención ante los libros escritos por jueces o periodistas, reconoció haber descubierto a un gran escritor que consigue sumergir al lector «en una época efervescente y fascinante de la historia de España». La suya, pues, «no es la lección de historia de un historiador, sino la de un narrador» que, con «fluidez» y «coherencia», ofrece las grandes claves medievales, como los conflictos religiosos o la transmisión de conocimientos. «Tiene el relato otra virtud –añadió-: la de ser capaz de extraer valiosas enseñanzas, y completamente actuales».
Aunque admitió con humor que resultaba difícil estar a la altura de los presentes, en referencia a su estatura, José Antonio Vázquez Taín aseguró que uno de los impulsos principales a la hora de publicar este libro, compuesto por una parte de ficción histórica, protagonizada por el galaico Ero, y otra actual, basada en el muy mediático robo del Calixtino, le sobrevino precisamente cuando se conoció la identidad del responsable de la sustracción. Taín reflexionó: «Cuando pasen mil años, ¿qué se conocerá de la cultura gallega? ¿Que un electricista robó un libro muy antiguo?». Así, en labor paralela a la de juez instructor, oficio que consiste en reunir pruebas y más pruebas, el autor ordenó y amplió la gran cantidad del material histórico que llevaba recogido, enriquecido con su profundo conocimiento del caso, para al final alumbrar una obra «que haga pensar» y que lleve al lector a valorar «con mayor dignidad» la historia de España.
Conocedor de que el Camino «ha sabido superar todas sus contradicciones», como la masificación o la secularización, logró conocerse mejor a sí mismo transitándolo en 1999: «Yo descubrí entonces que podía ser un juez sin miedo», dijo. Y a causa de ese poder insólito proclama: «Lo que realmente está enterrado en Compostela no tiene relevancia». Alejado de dogmatismos y buen analista de los problemas actuales («ante la crisis es necesario un movimiento social, pero no basado en el grito sino en la responsabilidad»), se reveló asimismo como un gran conocedor de esta tierra: «La historia de León daría para veinte novelas como ésta».