feria del libro de león. Una jornada de sexo, drogas y poesía
«Las mujeres tienen una impudicia que les sirve de terapia»
Tres mujeres asisten a una reunión de juguetes sexuales. Cuando salgan ya no serán las mismas. Luis del Val se adentra en sus vidas en ‘Reunión de amigas’, una novela que hoy presenta en la Feria del Libro.

El escritor Luis del Val sostiene su última novela.
—¿De qué hablan las mujeres cuando hablan de sexo?
—De todo. De la vida, de las emociones, de la fidelidad, del amor... Las mujeres son más pluridimensionales y están menos encasilladas que los hombres.
—¿Escribe para mujeres porque leen más que los hombres?
—No escribo para mujeres, para valencianos o para criadores de caballos. Escribo porque tengo necesidad de contar una historia. Que esté protagonizada por mujeres no tiene nada que ver. De Doce hombres sin piedad nadie diría que está escrita para hombres...
—¿Entiende fenómenos como ‘Cincuenta sombras de Grey’?
—No lo conozco. Empecé a escribir mi novela antes de que ese libro fuera un éxito. La historia habla de emociones y el sexo apenas ocupa el 3 por ciento de la novela. Habla de la vida, de la muerte y del amor.
—¿Ha asistido a alguna ‘tupper-sex’?
—No, pero me las han contado. Y eso me incitó a esta historia. Los chicos hacen otro tipo de reuniones: gastronómicas, de fútbol... La reunión me la contó una amiga y me pareció divertida. Pensé que podía ser un escenario y eso siempre produce un efecto dramático.
—Concha Velasco la ha comparado con ‘Sexo en Nueva York’...
—Dijo que empezaba como Sexo en Nueva York, pero no son tan pijas y la problemática es distinta.
—¿El sexo es más tabú entre las mujeres que entre los hombres?
—Entre los hombres es un motivo de presunción y fanfarronería; en las mujeres, forma parte de la confidencia. Un hombre no confiesa que tiene una disfunción eréctil a un amigo, presume de macho alfa. Una mujer sí lo cuenta. Las mujeres tienen una impudicia moral que les sirve de terapia.
—¿La crisis está llevando a un empobrecimiento de la cultura?
—La crisis puede que sirva para que se decante qué es cultura y qué no. La cultura me parece que está tergiversada. La crisis está haciendo que reflexionemos. Igual que machaca a la clase media, la crisis está machacando las ventas. O son best-seller o no se vende nada. Ese es el efecto de la crisis, el aspecto mercantil.
—La novela también es un retrato de España...
—Los escritores escasos de imaginación hablamos de lo que vemos. Desde el punto de vista sociológico, ha habido una gran revolución de la mujer, que tiene también confundida a la mujer. Se han dado cuenta de que tienen los pulmones y el estrés como los hombres y no se han liberado de deberes como los hijos. La sociedad tradicional no acaba de morir ni la nueva de nacer. En Nueva York, donde se hacen grandes tendencias, se han dado cuenta de que miles de mujeres han abandonado sus despachos con el nacimiento de sus hijos. Estamos en la más importante revolución social desde el Renacimiento.
—¿Concede más importancia a la amistad que al sexo?
—Como decía Woody Allen: «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía, es una de las mejores». El hombre hace más el sexo mecánico, aunque empieza a haber mujeres mutantes.
—¿Hablar mal de los hombres es una terapia para las mujeres?
—Las conversaciones de los hombres y de las mujeres se parecen. Siempre hay una mujer que dice: A los tíos no hay quién les entienda. Y en las reuniones de hombres se repite la misma frase. Observamos la vida de forma distinta y eso produce las atracciones y repulsiones, las uniones y los problemas del amor.
—¿’Reunión de amigas’ es una novela para mujeres que deberían leer los hombres?
—O a la inversa. Me parece bien como publicidad.
—¿Por qué no da voz a los hombres en la novela?
—Es premeditado. Algunos no tienen ni nombre. Forman parte del decorado. Inciden e interaccionan. Pero las protagonistas son ellas.
—¿Esas mujeres son prototipos?
—Está la mutante. Conozco a alguna. La que los argentinos llamarían ‘la sobrada’. Prescinde de la maternidad y tiene una autoestima alta. Está la que tiene la autoestima baja y para sobrevivir se miente a sí misma. La tercera está en el tipo medio. Y la vendedora procede de otro estrato distinto a estas burguesas y tiene otros problemas.
—¿Qué le parece que dos personajes mediáticos como Revilla y Lomana sean los protagonistas de la Feria del Libro?
—Me parece bien que la popularidad se traduzca en aprovechamiento, igual que cuando las estrellas de Hollywood escriben sus biografías. Gracias a los beneficios de los best-seller se pueden publicar ensayos minoritarios o libros de poesía.
—¿Bárcenas o Urdangarín no le inspiran para una novela?
—No. Literariamente, tampoco son interesantes. Los sinvergüenzas no me atraen, prefiero las grisuras, el asesino que no quería serlo o el judío Shylock de El mercader de Venecia . Prefiero los personajes atormentados, los que no son previsibles. Tampoco me atraen los frikis de televisión. Me interesan los que sufren o, como dicen los hindúes, los que son tres personas: la que ven los demás, la real y la que uno quiere ser. Me interesa el que se esfuerza por ser la persona que nunca va a ser.
—¿Qué le dicen los lectores de las mujeres de este libro?
—A unos les gusta mucho el final, «por esa vuelta de tuerca», dicen. Para otros, el final es «una auténtica traición». Hay tantas novelas como lectores. Marta, la mutante, es tan odiada como amada, levanta pasiones.