Annabel Pitcher radiografía la culpa en ‘Nubes de Kétchup’
Una monja involucrada en las campañas de Amnistía Internacional (AI) contra la pena de muerte invitó a Annabel Pitcher (Yorkshire, 1982) a cartearse con un convicto encarcelado por asesinato. Ella era un joven e inquieta universitaria que aún no soñaba con convertirse en escritora. Pero de aquel epistolario ha surgido su segunda novela, Nubes de Kétchup (Alevosía). Es una radiografía de la culpa que contrapone dos puntos de vista, el de Zoe, una cría de 15 años que haciéndose pasar por mayor de edad se cartea con Stuart Harris, un condenado del corredor de la muerte que aguarda la ejecución en una penitenciaría de Texas. La pequeña ha hecho algo terrible, ha cometido un crimen que ha quedado impune.
Mientras aguarda el castigo que no llegará, intercambia sensaciones y reflexiones sobre la culpabilidad y sus consecuencias con el reo en un relato tierno, osado y salpimentado con buen humor que quizá proporcione a su autora un éxito semejante al de Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea. De aquella desdramatizadora visión del dolor de las víctimas del terrorismo, con el 11-S y los atentados de Londres como telón de fondo, Pitcher ha vendido cientos de miles de copias en una veintena de países. Retoma ahora algunas claves de aquella fresca y conmovedora narración que fue fruto, en parte, de la casualidad.