Diario de León

El Cordobés, medio siglo de la alternativa de un mito

Manuel Benítez se doctoró en 1963 en tauromaquia de la mano de Bienvenida.

Manuel Benítez.

Manuel Benítez.

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paco aguado | madrid
León

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Hoy se cumplen cincuenta años de la alternativa de Manuel Benítez ‘El Cordobés’, un mito de la España del desarrollismo de los sesenta que ha sobrevivido al tiempo dentro y fuera de los ruedos.

Hace cincuenta años que el viejo coso de Los Tejares de Córdoba, ante cuyas tapias había pasado tres lustros antes el cortejo fúnebre de Manolete, desbordaba expectación para ver cómo Antonio Bienvenida, paradigma del clasicismo, doctoraba en tauromaquia a un revolucionario que ya para entonces se había convertido en uno de los personajes más populares del país. Manuel Benítez Pérez, nacido dos meses antes del estallido de la Guerra Civil, fue el último de los cinco hijos de El Renco, uno de los muchos represaliados de Palma del Río al final de la contienda, y buscó en el toreo la solución a su heredada miseria.

El día de su alternativa, hacía ya tiempo que el protagonista había dejado de dar tumbos por las duras capeas de Castilla y de dormir en los calabozos de la Dirección General de Seguridad por arrojarse de espontáneo en la plaza de Las Ventas.

Su mecenas fue Rafael Sánchez ‘El Pipo’, que había sido amigo íntimo de Manolete y quien dio a El Cordobés no sólo su apodo definitivo sino también la oportunidad por la que se había hartado de hacer auto-stop con su hatillo de maletilla. Tan hábil fue El Pipo que, apoyándose en una de las habituales campañas benéficas de Carmen Polo, consiguió en pleno invierno instalar una plaza portátil dentro del palacio de El Pardo para que El Cordobés torease ante los ojos del mismísimo general Franco.

Aquel golpe de efecto significó su empujón definitivo hacia una desbordante fama, contra la agria opinión de los aficionados y los críticos taurinos más puristas. Habitual del NO-DO y de las páginas de los periódicos por sus triunfos y sus acciones publicitarias, aquel icono útil del franquismo llamado Manuel Benítez se había consagrado como figura ya antes de esa alternativa, protagonizando incluso dos películas de gran éxito en taquilla. Pero la verdadera dimensión de su fama la dio el hecho de que los escritores Lapierre y Collins aprovecharan años después su historia para escribir uno de sus best-seller: ...O llevarás luto por mí.

Greñudo como Los Beatles e irreverente como los rebeldes parisinos del 68, esta especie Mick Jagger ibérico representó en España, como torero y como personaje público, los aires de cambio que ya soplaban en el mundo y que tardaban en atravesar los Pirineos.

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