Ramón Fontseré actor, escritor y director de els joglars
«La marcha de Boadella no ha sido una liberación, no estamos oprimidos»
Es el sucesor de Albert Boadella al frente de Els Joglars, compañía en la que lleva desde 1983. Ha sido Dalí, Franco y Pujol y ahora es un animal sabio en ‘El coloquio de los perros’, obra con la que la compañía recala mañana en el Auditorio.

El actor y director Ramón Fontseré en ‘El coloquio de los perros’.
—¿Es más difícil ser Pujol, Dalí, Franco o un perro?
—El sistema de trabajo de intentar buscar las características del personaje es distinto. En estos personajes hay una referencia humana, mientras que para hacer un animal tienes que imaginar el ánimo del perro y una voz; y que esa voz no canse al espectador. Tienes que ser perro, pero que se entienda cuando hablas.
—¿Tiene perro?
—No, tengo una gata que apareció por mi masía. En esta profesión no podemos tener animales porque siempre estamos con la maleta. Esta gata se ha adaptado a nuestro ritmo de vida.
—¿Es cierto que las mascotas se acaban pareciendo a sus amos y viceversa?
—Es cierto. Se ha puesto de moda tener una mascota; y mejor cuanto más rara, como un perro esquimal en Córdoba.
—¿Por qué un clásico como ‘El coloquio de los perros’?
—Cervantes es un excelente compañero de viaje. Nos gusta por su visión de la realidad. Creo que es el primero que pone los términos a la novela realista moderna. Nos gusta su humor y el distanciamiento de las tragedias humanas.
—¿Por qué los hombres en la obra llevan máscara?
—Porque vimos que los perros quedaban más sensatos que los hombres. ¿Cómo ve un perro a un hombre? No lo ve de una forma realista. Pensamos que con la máscara serían más irracionales que los perros. Los perros son dos sabios que hablan de la ridiculez humana, por eso parecen tener más sentido común que los mismos hombres.
—¿Hay vida después de Boadella?
—En eso estamos. Intentar tirar para adelante con un proyecto que tiene 51 años es un acicate.
—En su libro ‘La rocambolesca historia del transportista Pere Bitxo’ aborda cómo vivir con casi nada, ¿vamos tomando nota?
—Siempre he sido partidario de los lujos sencillos: vida plena, intensa, sensual... Estamos pagando el exceso y la ambición. Es algo bíblico, como el castigo de Adán y Eva. Esos personajes que han conocido tanta abundancia, han tenido una manera de vivir impertérritos a lo que ocurre en el inmediato próximo.
—La sátira está en el ADN de Els Joglars, ¿seguirá por esa línea o tiene otros planes?
—No tengo otros planes, tengo lo que he aprendido, una ética y una estética; y seguiré por ese camino. El teatro tiene que ser crítico o dar una realidad distinta a la normal, que es la manera de que las cosas sean más reales.
—Nadie entendió que Boadella se ‘fugara’ con Esperanza Aguirre...
—Todo el mundo puede hacer lo que quiera. Yo lo respeto. No se fugó. Boadella fue a ocupar un sitio porque es un hombre técnico capaz de llevar un teatro.
—¿Les ha perjudicado la marcha de Boadella o ha sido una liberación?
—No ha sido una liberación, no estamos oprimidos. Todo el mundo hace libremente lo que le apetece. Las decisiones personales son de cada uno y ni yo ni nadie puede meterse.
—La mayoría de las compañías tienen dificultades para llenar y ustedes vienen dos días a León, ¿para Els Joglars no hay crisis?
—Sí hay crisis. La notamos porque antes íbamos 4 o 5 días a cada ciudad y ahora vamos uno o dos y viajamos en furgoneta.
—¿En qué viajaban antes?
—En tren o en avión. Ahora, a veces, también en avión; pero si tienes una furgoneta no dependes de horarios. Es un sistema muy agradable de viajar, porque te permite conocer lugares.
—Usted entró en Els Joglars en 1983 con ‘Teledeum’, ¿sabe que en León se montó un escándalo?
—Me acuerdo porque actuamos en la Plaza de Toros y al día siguiente cantaba Serrat y nos quedamos a verle. Nos dedicó Titiritero . Era verano y hacía mucha rasca...
—El Joglars siempre ha sido crítico con la religión, ¿cómo ve la vuelta de la religión a la escuela que planea Wert?
—No tengo hijos. En este país cada gobierno cambia de plan. Ya ha habido siete u ocho reformas. Pero eso tendría que preguntárselo a un padre de familia o a alguien que se dedique a la enseñanza.
—La subida del IVA cultural al 21% ha provocado ya el cierre de mil cines, ¿es el principio de un desierto cultural?
—No ayuda en absoluto esta subida tan brutal a los que no dedicamos a la cultura. Se podían hacer las cosas de otra forma. Somos el IVA más alto de Europa.
—¿Qué papel añora interpretar?
—Antes quería hacer de tía solterona, pero ya no lo digo porque es un papel muy difícil. Yo hago esto para pasármelo bien.
—¿No hay papel malo hay actor malo?
—De un mal toro un buen torero puede sacar buenos pases. A un actor le ocurre igual. Dale un papel corto a Chaplin...
—¿No hay obras contemporáneas que les seduzcan?
—La condición humana es la misma. Nos gusta empezar por un tema y que todo vaya creciendo. Vamos tirando del hijo. Pero ya hemos hecho cosas contemporáneos y hemos enaltecido a personajes como Dalí o Pla.
—¿Le han dicho que se parece a Peter Sellers?
—Sí, sí, aunque ya me gustaría a mí ser un 15% de bueno. Era un monstruo, una bestia parda.
—Algunos actores se quejan de que no hay papeles buenos para actores maduros, no es su caso...
—Hice de cardenal Luciani de 80 años a los 24. En El Nacional era Don José, aunque cada vez me acerco más a esa edad y tengo que transformar menos el cuerpo. Los actores cuando van envejeciendo cogen más matices, como el vino.
—¿Le va más la comedia o la tragicomedia?
—Soy un hombre trágico, pero he hecho cosas de humor. A un cómico le va bien hacer cosas trágicas y al revés.
—¿Se ve haciendo de Bárcenas?
—Ni puñetera idea; o de Felipe González o de Rajoy...
—¿Le dan ganas de exiliarse a Cuba como Willy Toledo?
—No se me perdió nada en Cuba. No creo en los regímenes dictatoriales. De momento, se me ha perdido en León...