Un hombre comprometido con su tiempo
Antonio Muñoz Molina hace años que se consolidó como uno de los grandes novelistas en lengua española, pero es también un intelectual comprometido con su tiempo, defensor de la tolerancia y muy crítico con la corrupción política. Que Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956) no se dedica sólo a la ficción, aunque a ella entregue sus mayores esfuerzos como creador, lo demuestran los artículos periodísticos que ha ido publicando a lo largo de su vida y, en especial, su último libro, «Todo lo que era sólido», un ensayo en el que reflexiona sobre las causas de la crisis que padece España. Y un ensayo que este escritor se planteó como un ejercicio de defensa de todo aquello que es fundamental para la sociedad española y que no debería perderse, como la sanidad y la educación públicas, la legalidad democrática y las libertades públicas. Muy crítico con los fanatismos y los totalitarismos, Molina ha sabido reflejar en su obra «la libertad del individuo en la sociedad» y le ha dado voz en algunas de sus novelas a «los oprimidos, los desplazados y los perseguidos», como le reconoció el jurado del Premio Jerusalén, que le concedieron el pasado enero. El escritor recibió presiones para que rechazara el galardón por organizaciones propalestinas y algunos intelectuales, pero él decidió acudir a Jerusalén a recogerlo por considerar «profundamente injusto» boicotear a un país con una sociedad «abierta y tan plural» como la israelí.