El faro
Crítica de televisión yolanda veiga
El debate admite un montón de puntos de vista, pero resumiendo: las televisiones públicas no tienen que pelear por la audiencia. Tienen que pelear por el maltratado servicio público. ¿Se imaginan que el jueves un reportero del programa de Mariló Montero se hubiera liado a ‘pinganillazos’ con las periodistas de Susanna Griso y Ana Rosa Quintana que ‘asaltaron’ a la reina del Carnaval de Tenerife?
Si la pelea entre las dos ya quedó para el anecdotario de momentos cutres, con un tercer micrófono ¡de la tele pública! habría resultado directamente inadmisible. Y ojo, que no significa que en TVE no tengan que estar a la pelea. Donde no se tienen que meter es en el barro.
Anuncian ahora las otras cadenas públicas que pagamos todos, las autonómicas, que se han puesto a trabajar juntas en una serie nueva, El faro , uno de estos culebrones de clanes familiares enfrentados que tanto gustan. La pagan entre todos porque todos la van a emitir, así que como política de ahorro, especialmente ahora, no hay nada que reprochar. Pero cuesta entender por qué unas televisiones que nacen para garantizar el servicio al ciudadano adaptándolo a la idiosincrasia de cada región van a emitir la misma serie. No se trata de que en la ETB aparezcan solo levantadores de piedra, en la tele gallega gaitas y en la aragonesa gente cantando jotas, pero si queremos programas para todos ya los tenemos en Antena 3, en Telecinco y en TVE.
La cadena autonómica vasca emite desde hace casi veinte años Goenkale y Canal Sur mantuvo en antena Arrayán catorce temporadas. Ambas han funcionado extraordinariamente bien porque son series hechas para un público muy concreto. No quiere decir que El faro sea mala. Pero nace ya con un lastre, el de contentar a públicos muy distintos que buscan en sus cadenas autonómicas precisamente esa distinción, ese programa con el sello de su región.
A ver cómo se las ingenian.