Diario de León

Las tallas ‘emparedadas’ de Vallecillo fueron sepultadas igual que personas

Las esculturas, unas góticas y otras del XVII, ya han sido restauradas tras su sorprendente hallazgo en 2008.

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e. gancedo | león
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En el invierno de 2008 despertaron de su largo sueño seis personajes a quienes ya nadie esperaba en la pequeña localidad de Vallecillo, en la comarca de Sahagún. Fue una vez completado el laborioso trabajo de desmontar y embalar el retablo de su iglesia, que iba a ser restaurado por entero, cuando apareció una insospechada pared falsa: tras las molduras doradas del retablo existía una gran oquedad practicada en el muro del templo y tapiada a conciencia con paja y adobes. Una vez retirados los grandes ladrillos de barro, los operarios extrajeron con cuidado seis tallas con todo el aspecto de llevar muchos años sin ver la luz.

Eran dos ángeles, una Virgen con Niño, un Cristo sedente y otras figuras de díficil identificación que tuvieron que esperar cuatro años —muy pocos, en realidad, desde su perspectiva de siglos— para entrar en los talleres del Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas, esto es, que llegara a buen puerto el proyecto de rehabilitar y poner en valor estos autenticos ‘viajeros del tiempo’. Javier Lagartos, alcalde de Vallecillo, facilitó las gestiones en 2012 y el resultado puede comprobarse desde hace cerca de un mes en la propia iglesia. «Se ha habilitado un lugar bajo el coro donde las tallas se contemplan perfectamente, y ya ha venido mucha gente a verlas», explica Lagartos, quien revela que las cuatro más antiguas, románico-góticas, datan de los siglos XI o XII y que los dos angelotes son del XVII.

Pero además, el alcalde de Vallecillo, técnico en el Museo Etnográfico de León, emprendió una investigación para conocer por qué las esculturas habían sido emparedadas de forma tan peculiar. Y en el archivo parroquial encontró la respuesta. Fue un obispo quien lo decidió después de visitar la iglesia en torno a 1740. «Las tallas debían de encontrarse ya entonces en muy mal estado, por lo que mandó al cura que las sepultara —informa—, aunque lo más curioso es que ese enterramiento se hizo como si fueran seres humanos: se diseñó un nicho con su cupulita enfoscada de yeso y se llevó a cabo el ritual religioso completo». «Hoy vemos estos objetos desde un punto de vista artístico, pero entonces la imagen de san Antonio, por poner un ejemplo, era san Antonio mismo, ¡y no se podía tirar a la basura!».

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