La obra de Gamoneda puede leerse en 16 idiomas, el último, el japonés
«Yo soy deliberadamente monolingüe», se declaraba Antonio Gamoneda. Y eso a pesar de que en los años cuarenta y cincuenta, cuando era un joven y voraz lector, había «libreros beneméritos» que le sacaban del «cajón del secreto exterior» títulos en francés o inglés casi imposibles de encontrar en España que leía «con más dificultad que facilidad». Pero no profundizó en esos idiomas y, «con los años, me he ido quedando a solas con mi lengua», afirmó.
De vez en cuando hojea algunas de sus traducciones al italiano, portugués o francés —son ya 16 lenguas en total a las que se ha vertido el verso gamonediano—, pero las que están en alemán o en japonés —la última en llegar—, sencillamente «las doy por buenas».
El escritor mencionó la «música» como elemento clave de toda traslación poética. Por eso, el traductor «necesariamente tiene que ser también escritor» para buscar esa música, dijo. En ese momento intervino una de las profesionales presentes, la alemana Petra Strien-Bourmer, recordando que en una ocasión se vio obligada a llamar a Gamoneda para escucharle leer un fragmento que se le resistía: en su voz encontró la respuesta. El diálogo continuó con la francesa Aline Schulman, quien ejemplificó la gran condensación lírica del leonés al toparse con la expresión «en el olvido están los recuerdos», tan sencilla en apariencia y tan difícil de verter a otro idioma. Los profesionales presentes mencionaron, además, palabras que le habían resultado complicadas al trabajar con Un armario lleno de sombra como cuarterón (contraventana), tan propia de León; o la ya en desuso asperón (arenisca para limpiar la plancha de la cocina).