Diario de León

César Gavela ESCRITOR

«La vida en el Noroeste resulta más rica, más cordial y más misteriosa»

Aunque reside desde hace décadas en Levante, los vientos de Gavela soplan siempre en dirección Noroeste. Y ahora el escritor y columnista del Diario puebla un nuevo libro electrónico con todo tipo de personajes singulares propios de estos valles, riberas y montañas.

César Gavela, autor de la obra ‘Nor Noroeste’.

César Gavela, autor de la obra ‘Nor Noroeste’.

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e. gancedo | león
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Por aquí se pasean don Bernardino, el abuelo Glorio, la tía Carol, Lamberto de Ambrós o Godofredo Valiña, y eso sin olvidar a Amelio Miravalles, el indiano emigrado desde el valle de Fornela que hizo fortuna en América. Pero también residen en Nor Noroeste , el libro de relatos que César Gavela acaba de ver la luz a través de BooksBierzo, el creador de una nueva religión profética o un sindicalista transplantado a Chile: son historias de emigrantes, de libreros y de escritores atormentados, de viudas y de solteronas con amores imposibles.

—¿De dónde surgen estas historias? ¿Dormían desde hace tiempo en un cajón y les dio nueva vida, les repuso algún miembro, o son en cambio nuevas y lozanas?

—Casi todos los cuentos son inéditos. Solo unos pocos, los más breves, fueron publicados hace tiempo en la prensa. Creo que todos ellos tienen una unidad territorial e histórica: las ciudades del noroeste en los últimos años del régimen de Franco. Todos los cuentos han sido revisados y reescritos para formar parte de este libro, que debe considerarse plenamente una novedad. Y añadiría que son, además, cuentos urbanos, no rurales.

—¿Qué tiene el Noroeste para que sea un lugar tan fértil en personajes curiosos e historias peculiares, buen humus para la ficción? ¿O es más bien la manera de verlo, de contemplarlo con cariño o curiosidad?

—Yo creo que las dos cosas. El Noroeste es un territorio muy rico en personajes. Pero no por el tipismo, ni por aspectos localistas. No es eso. Tal vez es una actitud ante la vida de muchas personas de este mundo que hoy configuran Asturias, Galicia, León, Zamora y el norte de Portugal. El Noroeste es tierra de soñadores, de generosidad y de extrañeza. Todo eso hace la vida más rica, más cordial y más misteriosa. Y luego, claro, está la mirada de quien lo cuenta. Una mirada, en mi caso, muy cercana a ese paisaje humano.

—¿Hay ficción, hay crónica, hay autoficción? ¿Fue real el indiano fornelo que hizo fortuna en América? ¿O Godofredo Valiña o el abuelo Glorio?

—Todos los relatos son inventados. Pero uno inventa a partir de la memoria. En este caso, de mi memoria de joven estudiante en los años setenta. Es la imaginación la que convierte un magma sin nombre, sin perfiles, en un personaje, en una historia, en una paradoja, en una sonrisa. Luego viene el lenguaje, que es elemento capital. Eso es la narrativa, al menos la que a mí me gusta: la que se escribe por dentro. No me interesa la que viene de fuera. Es decir, el escritor que decide hacer una novela sobre Persia y se documenta y todo eso, me parece muy bien, pero no me interesa mucho. A mí quien realmente me interesa es el autor. Para mí es el autor lo que me seduce, lo que me atrae, lo que me abre caminos y también ventanas.

—¿Qué me dice del creador de esa nueva religión profética? ¿Había que inventarlo, precisamente porque no es real?

—No son reales pero tal vez merecían serlo. En el caso del creador de una religión me inspiré vagamente en un personaje que conocí en Ponferrada. Era un joven místico estrafalario... no sé qué habrá sido de él.

—Su libro aparece en ebook y además es un autor muy activo en las redes sociales. ¿Por qué ha abrazado con tanto fervor las herramientas digitales? ¿También aparecerá en papel?

—Sí, espero que el libro también se publique en papel. De momento sale en este formato, que está llamado a ser habitual y masivo muy pronto. Aunque espero que compatible con el papel. Igual que el cine no acabó con el teatro, no creo que la edición digital arrumbe a la impresa. Me gusta poner cosas en facebook. Muchas veces son microrrelatos, paradojas, bromas, también textos más emotivos o crípticos. Es un fecundo escenario para inventar y compartir. Para disfrutar. Lo que no hago es chatear. Yo lo abro, lanzo la pequeña bomba y me oculto.

—¿Cómo contempla León desde la lejanía mediterránea? ¿Se conoce su paisaje y cultura o más bien es cosa agazapada y casi exótica para los levantinos?

—Me siento cada día más cerca de León, curiosamente. Mi interés por la provincia, por todo el noroeste, no deja de crecer, aunque sin olvidar que soy español y que somos europeos y ciudadanos del mundo. Además, yo también me siento valenciano. He elegido vivir en esa tierra acogedora, libre, luminosa y algo excesiva. Antaño León era poco conocido en Valencia, pero ahora lo es mucho más, en buena medida por el Camino de Santiago, que tiene muchos devotos en el Mediterráneo. El resto de la provincia, sin embargo, lo que no es estrictamente jacobeo, sigue siendo ignota. Pero es que hasta para los leoneses lo es. ¿Cuántos bercianos conocen bien Omaña? ¿Cuántos de Sahagún conocen el alto Valcarce?

—¿Cree que es cierto el tópico de León como potencia literaria? (porque si lo es, poco redunda en la ‘tierrina’...)

—León en una tierra de escritores, sobre todo desde mediados del siglo pasado. ¿Por qué? Yo creo que por la mirada de los leoneses. Porque nos hemos educado en colegios e institutos donde había muchos profesores que supieron inculcarnos el veneno y el placer, el destino y la compañía de la literatura. Y porque nuestra provincia es de las mejor alfabetizadas de toda España desde el siglo XIX. Y porque los leoneses siempre han valorado la formación, los estudios universitarios, la cultura. Hemos tenido esa gran suerte. Nos inculcaron la pasión por la lectura, y de ahí es natural intentar escribir. Pero el deslumbramiento fue como lectores. Y en esa pasión, yo personalmente, sigo viviendo.

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