Diario de León
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Crítica de televisión Boquerini

Con la que está cayendo, estamos dialogando bastante bien», decía Elena Valenciano, Vicesecretaria General del PSOE, el pasado sábado en El gran debate de Telecinco. No se refería al Congreso de los Diputados, sino al programa que conduce Jordi González. Pero ¡ay!, en esto llegó MAR, siglas por la que se conoce al que fue portavoz del gobierno de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez. El gran debate ha ido atemperando los gritos y las interrupciones entre los debatientes invitados con el paso de los meses.

Es más, ahora que se acaba (el programa lleva un mes despidiéndose pero no se acaba de marchar), los participantes dialogan como personas normales, sabiendo que no por chillar más y por interrumpir constantemente al contrario, se está en posesión de la verdad. Pero, decía, que en esto llegó MAR, ausente del programa desde hace meses.

Jordi González agradeció que pudiese exponer sus argumentos (ya se habrán imaginado a estas alturas que el debate iba sobre si Mariano Rajoy había convencido o no a los españoles con su explicación en el Congreso sobre el ‘caso Bárcenas’): «Esta es la opinión de Miguel Ángel Rodríguez. Nadie le ha interrumpido y me gustaría que el debate siguiera así», decía Jordi González con una ingenuidad impropia de un presentador de Telecinco.

Vano intento, porque, ¡ay!, ¡ay, ¡ay!, pronto el debate hizo bueno los tiempos más broncos de «La noria». Los debatientes, desde sus dos trincheras enfrentadas, sacaron toda su artillería pesada, defendiendo unas posiciones preestablecidas de antemano, sin dar su brazo a torcer, ni un respiro al contrario. Por supuesto salió a relucir el ‘y tú, más’, los escándalos pasados ¡de hasta hace 20 años!, y ya no hubo forma de que el espectador entendiera nada.

Y en las pausas Beatriz Montañez, a la que le habíamos perdido la pista desde que se fue de «El intermedio» (dicen que ha hecho una película, pero ni se ha estrenado nise sabe nada de ella). Vaya papelón el de esta chica que se incorpora a un programa justo cuando éste se acaba. Y si me dejan soñar un poco, pediría que en vez de contertulios broncos, fuese Beatriz Montañez la que debatiese con su dulzura y encanto. Seguro que todos saldríamos ganando.

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