la fragua literaria leonesa | ALBERTO ÁLVAREZ RUIZ
«Es increíble que tantas sierras de León estén aún por difundir»
Viajero y narrador, autor de ‘Montañas de León’, sigue con su faceta editora, su blog, sus rutas de montaña y su reciente libro, ‘El Bierzo, 50 rutas a pie’
Especialista en rutas de montaña, viajero intrépido, bloguero, editor, contador de historias... así podríamos definir a Alberto Álvarez Ruiz, cuyos ancestros más cercanos, o sea, sus abuelos, eran originarios del Bierzo. Su memoria está configurada, en buena medida, por los paisajes de montaña del alto valle del Sil —no en vano es autor de Alto Sil , publicado en dos volúmenes— y de Somiedo, Ibias o Allande, entre otros. «Me gusta la soledad de las montañas cantábricas del occidente, que es difícil de encontrar ya en otras cordilleras, como los Pirineos, y por supuesto, en los Picos de Europa».
A Alberto le gusta escribir sobre rutas de montaña por Asturias y León —léase su reciente Montañas de León II — porque es donde ha escogido vivir y además es la tierra de sus antepasados. «Me parece increíble que tantas y tantas sierras estén aún por promocionar y sus tesoros por difundir. Si en el País Vasco o Cataluña pudieran echar mano de un territorio tan rico paisajística y medioambientalmente, le darían un lavado de cara en poco tiempo y lo pondrían a producir de inmediato para el turismo, seguramente con buena protección y conservación».
Autor de un estupendo blog, Calecha, ilustrado con imágenes bien descriptivas de paisajes, Alberto es un apasionado de la montaña y la naturaleza, de los animales en libertad y la bitácora digital. «Ya no podría vivir sin bosques, sin arroyos y sin avistar esas criaturas que lo único que desean es poder sobre (vivir) en paz». Y habida cuenta de que el mundo del libro está moribundo —asegura—, decidió apostar por un ciberdiario en el que hace descripciones de lugares y nos cuenta historias «que sirvan de complemento a libros y mapas, porque en ellos no cabe todo… los blogs son uno de los más importantes medios de difusión libre que se han podido inventar».
Consciente de que en otros tiempos escribir estaba acotado para los que tenían la suerte de poder publicar un libro o los que ya estaban instalados en la redacción de artículos de prensa —señala—, ahora, en cambio, «puede escribir cualquiera, para un lector o para millones. Tu mensaje queda ahí, para aquel que le pueda interesar».
Alberto lleva viajando toda su vida, primero en familia y posteriormente, en cuanto pudo comprarse un coche, por su cuenta, porque es sabedor de que cuando se viaja, sobre todo en solitario, «se madura, se experimenta todo en grado extremo (tanto lo positivo como lo negativo), y puede ser una extraordinaria herramienta para crecer y romper los esquemas de la mente».
«Viajar es fundamental para escribir —añade—, porque te suceden muchas cosas en menos tiempo de lo que te ocurrirían si estuvieras haciendo vida sedentaria y repetitiva en tu casa o en los meses en que estás trabajando». Y viajar al Tercer Mundo le parece fundamental para entender cómo éramos hace unos siglos y para comprobar que, «aunque no hay derechos civiles y la marginación e injusticia son extremas, hay un apoyo mutuo y mucho más calor humano que en nuestro mundo desarrollado».
Recuerda que cuando tenía veintipocos años viajó y caminó en solitario por el Himalaya, y sus experiencias se las envió a un amigo, escritor, que le insistió en que las publicara, no obstante confiesa que no se vio maduro para hacerlo y los relatos quedaron en el papel de carta. «Cuando no existía Internet, era habitual que mandara a los amigos cartas de hasta 20 folios». «Ciudadano transfronterizo con especial querencia por el valle de Laciana» y gran viajero, a Alberto le entusiasma la literatura de viajes, y en especial de viajes extremos, según él, aunque dice que no sigue ningún modelo, porque «ahora mismo, mis viajes son simples acercamientos en coche de poco kilometraje». Recuerda a una autora francesa, Alexandra David-Neel, sobre sus viajes por el Tíbet y la India, que leyó hace treinta años con fruición. «Aquello sí que era viajar», apostilla.
Editor de Calecha
Aparte de sus labores como bloguero y contador de historias y de viajes, Alberto es el fundador de Calecha, editorial que se fraguó en una aldea de Cangas del Narcea en el año 2003, «como un proyecto de cocción a fuego muy lento, como demuestra el hecho de que algunas publicaciones han llevado entre tres y cinco años de trabajo», aclara.
Hasta ahora Calecha ediciones ha publicado ocho títulos, entre ellos Alto Sil. 40 rutas a pie , en sus dos volúmenes, en los que Alberto ha participado como autor con escritos o trabajo de campo en casi todos. «Es una actividad para los ratos libres, porque un catálogo editorial tan ínfimo, evidentemente, no da para vivir de ello», precisa Alberto Álvarez, quien continúa con su faceta editora, con su blog, con sus rutas y con su recién horneado libro, El Bierzo, 50 rutas a pie .