Diario de León
Publicado por
RAFAEL SARAVIA
León

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Aunque no todos tenemos claro las bondades que supone ser europeos, sí que perfilamos que de serlo, deberíamos serlo no sólo para contentar a ese monstruo de múltiples cabezas llamado «los mercados». Son tan anacrónicas las justificaciones que se dan para ser ciudadanos de una eurozona, que a veces se olvidan los defensores de la causa que no se puede estar en la procesión y tocando la campana.

Señores y señoras gobernantes de nuestro país, si queremos ser europeos, debemos empezar a deslegitimar discursos tan prehistóricos como esos que la señora politóloga Chuliá deja entrever en su artículo publicado por la fundación FAES, donde viene a contarnos que la mujer y su incursión en el mercado laboral es parte importante de la grave crisis que vivimos. Por su decisión de trabajar fuera del hogar hay más paro, menos natalidad y por tanto las pensiones y el sistema de bienestar peligran. Si queremos ser europeos, díganle esto a la señora Merkel, a ver qué opina, o a cualquier democracia nórdica, o a los franceses que defendieron y mantuvieron la libertad como estandarte.

Queremos ser europeos y asumir ciertas condiciones de rigor económico pero no convivimos en el marco ético que las hace posible. El salario mínimo, y la conducta moral de nuestros gobernantes distan mucho de los análogos europeos.

Mientras en Alemania ya van dos dimisiones (y tal vez una tercera de un candidato serio a ser canciller como lo es Lammert) de ministros por casos tan aparentemente «inocentes» como el plagio de una tesis doctoral hace décadas, aquí, nuestros gobernantes se aferran a cargos que deberían poner a disposición del pueblo si reclama despejar dudas sobre el rigor moral de sus acciones mientras ejercían o ejercen como políticos. Pero no, esto no es Europa para esas lides, aquí se jacta uno de no dimitir como quien se aferra al chupete en plena llantina.

En la Europa de la prima de riesgo y los recortes para el estado español, esa Europa modélica alemana, hace años (desde 1994) que tienen una ley que dicta como delito negar las atrocidades del nacismo. En nuestra España aspirante y redundante en esa formalidad europea, no ocurre nada cuando el alcalde de una localidad gallega afirma en pleno municipal y hablando de las víctimas del franquismo que «quienes fueron condenados a muerte será porque se lo merecían». Esta declaración coincide con el 74º aniversario del fusilamiento de las llamadas 13 rosas en Madrid, asesinadas junto con otros 43 condenados a muerte por tribunales franquistas el 5 de agosto de 1939.

Pero da igual. Aquí la europeidad, la moderna consignación de ideales, sólo la queremos para asumir compromisos financieros que ahoguen a un pueblo como el nuestro. Y no. No debe ser así. Si asumimos Europa, que sea con los compromisos sociales adquiridos por el pueblo, como los de Francia en el 68, como los de Alemania después del nacismo. Si no es así, no queremos.

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