Los números secretos del claustro
Gerardo Boto demuestra la semejanza entre las medidas de las galerías claustrales de Palamós y las que se desmontaron en la catedral románica de Salamanca. La piedra también revela sus orígenes medievales.
El hecho es que los datos son tuzudos, a pesar de que en algunos casos los haya que se empeñen en demostrar que las cosas no son como son sino como son ellos. Esta regla parecía cumplirse de manera estricta en el caso de Palamós, en el caso de las galerías claustrales que durante años permanecieraon ocultas en una finca de Mas del Vent hasta que un historiador leonés, Gerardo Boto, las arrancó del ostracismo. En un principio, la Genaralitat catalana decidió que el claustro era una recreación, una ficción historicista en el que los elementos impostados en el siglo XX se mimetizan con piezas auténticas de la Edad Media. Es decir, la protección no resultaba necesaria.
Sin embargo, un año después, las investigaciones y análisis realizadas por los expertos —la tozudez de los datos— han forzado al consejero de Cultura, Ferran Mascarell, a encargar un estudio al historiador independiente Eduard Carbonell, lo que conlleva el inicio de un expediente para catalogar las galerías y, por lo tanto, para proteger el claustro.
La decisión llega después de que Gerardo Boto presentara en un congreso en Lisboa sus conclusiones sobre el bien. El experto, profesor en la universidad de Gerona, defiende que el claustro pertenece a la catedral románica de Salamanca, un templo que sufrió graves daños por el terremoto de la capital lusa y que fue desmontado.
Las medidas del claustro
En un artículo que el especialista acaba de publicar, sostiene que Hans Engelhorn —el empresario que adquirió el claustro románico— adquirió las galerías porticadas de un claustro románico en 1958, un momento en el que el coleccionismo había quedado reducido al comercio esporádico de unos pocos objetos. «Su mirada educada buscó en la piedra labrada los signos que lo hacían auténtico», explica el profesor.
No habla Boto de manera baladí. En el artículo, titulado La presencia del arte románco en las colecciones privadas de Cataluña: de Josep Puiggarí a Hans Engelhorn, Gerardo Boto presenta por primera vez la recreación que ha realizado de las medidas de la planta del claustro de Palamós, lo que demostraría que coincide con el que se desmontó en Salamanca tras el seísmo de Salamanca. Y es que, según afirma el historiador, con los datos obtenidos en un documento de 1785 que se refiere a la posibilidad de ampliar el pasillo de las galerías del claustro románico, puede decirse que éstas debieron medir, en su parte exterior, al menos 22,25 metros. Boto se sirve además de las cuatro vigas que aún hoy se conservan en el museo catedralicio de Salamanca —se creen fueron parte de la techumbre mudéjar de la galería en el siglo XII— y que determinan una longitud de las galerías de 22,75 metros. El profesor añade que la altura de las galerías, 4,6 metros, se obtiene a partir de las marcas que se conservan en las paredes de la galería. Por lo tanto, la proximidad entre estas medidas y las del claustro de Palamós que se reproducen en el plano superior son una prueba más para demostrar la veracidad de la tesis defendida por Boto.
Pero es que, además, uno de los expertos que con más ahínco defendió desde el principio la autenticidad del claustro, el geólogo Màrius Vendrell, acaba de publicar el análisis que demuestra que los hechos, tozudos, quitan la razón a la verdad oficial.
En su blog fempatrimoni , el profesor de la universidad de Barcelona sostiene que el análisis de las evidencias materiales (piedras, restos de pátinas, vestigios superficiales, etc) lleva a algunas conclusiones que, junto con los análisis históricos y formales, indican claramente que una enorme mayoría de las piezas que forman el claustro de Mas del Vent son románicas, con lo que el claustro es, efectivamente, un conjunto del siglo XII.
La piedra tiene la clave
Vendrell pregunta a la piedra en un ejercicio forense con el que desmuestra la tesis histórica defendida por Boto. Así, por ejemplo, subraya que el material utilizado en las galerías claustrales se corresponde con las rocas de la formación Areniscas de Cabrerizos, cuyo lugar de explotación se sitúa en la localidad salmantina de Villamayor del Río
Además, el geólogo se refiere también al hecho de que las piezas (fustes, bases, capiteles y dovelas) se han ido consolidadando con la aplicación de una lechada de cal, y revela que esta es una práctica ancestral que prácticamente se ha perdido en tiempos recientes. «Las dovelas desmontadas muestran unas incisiones de sección decreciente, que al juntarse forman canales por donde se vierte la cal para garantizar así una mejor unión entre las piezas», explica en el blog. Vendrell desvela que esta es una práctica medieval que se utilizaba cuando se construía con mortero de cal o yeso. «Nunca con los morteros hidráulicos que probablemente hubieran usado por una recreación del siglo XX», asegura.
El geólogo explica asimismo que en las zonas más protegidas de los capiteles, la parte inferior entre cada pareja, se puede apreciar restos de una pátina de color marrón. «Los análisis de la cual muestran claramente que se trata de una mezcla de cal, arcillas y un compuesto orgánico actualmente degradado, es decir, restos esporádicas de un tratamiento antiguo, que no puede ser del siglo XX por su limitada extensión y porque no es una práctica usual en períodos tanto modernos», sostiene.