Noches en blanco
Opinión | javier martín domínguez
Los informativos de TVE han vuelto por sus fueros recuperando su tradicional liderazgo, que siempre debería ostentar dada la gran diferencia de medios técnicos y humanos empleados frente a las privadas. Han coincidido a su favor tanto el cambio de programación en la franja de tarde, como el baile de sillas en los presentadores y editores de las noticias. Ana Blanco ha ocupado por fin el puesto que demandaba su aplomo y experiencia, conduciendo el telediario de las nueve que es la edición que marca el tono de la información. Tan sabio como este cambio ha sido el de entregar el relevo de la tres de la tarde a Pilar García Muñiz, que ya hizo sus pinitos en los informativos y que condujo con soltura y acierto el antiguo España Directo. Los galones de la experiencia son fundamentales para dar confianza al espectador. Junto al cambio de caras se aprecia también una tendencia a elaborar más las historias, buscando el tono de la crónica en lugar de la simple noticia. Hay ejemplos claros incluso en la sección de deportes, que ha pasado de dar el parte habitual sobre el estado de cada músculo de los genios del balón a elaborar minirreportajes bien documentados sobre la rabona de Di María o el estado físico y mental de Casillas. Con la información inmediata surtida a través de las redes, los telediarios de hora fija deben ir siempre más allá, con el análisis como elemento determinante sobre los hechos que se cuentan. Menos noticias y más elaboradas deben ser la máxima de trabajo al menos en el informativo de la noche. Quizá el mayor atrevimiento de estos cambios, por romper una larga tradición, es el cambio de hora de Informe Semanal. Lo cierto es que el programa lleva años lastrando las audiencias de su horario postelediario de los sábados. Se ha demostrado que no es un horario muy informativo, cuando el resto de las cadenas compite con fuerza en el terreno del entretenimiento. Auguramos un baile de parrilla para I.S hasta que el informativo semanal encuentra su hueco perfecto, que por tradición y tratamiento en profundidad debería ser de máximo acceso.