El Gran Wyoming presentador y ‘showman’
«En este país no interesa la verdad ni la mentira, sólo darle caña al rival»
«Porque España lo merece». Sólo por esa contundente razón el poliédrico Wyoming, látigo catódico tan amado como odiado, se lanza de vez en cuando a la carretera con su banda Los Insolventes para repartir raciones de ese rock que no tiene fecha de caducidad. Hoy toca, canta e interviene en el Gran Café de León para celebrar los 23 años de vida de este activo local.
El presentador, actor y ‘showman’ José Miguel Monzón, El Gran Wyoming.
Ni Rajoy, Rubalcaba, Cospedal, Bárcenas o las Sorayas. Los nombres propios que hoy en León manejará el Gran Wyoming serán los de Chuck Berry, The Who, Rory Gallagher, Frank Zappa, Siniestro Total, Leño o los Ramones. Y todo por ‘desengrasar’ de su exitoso El Intermedio y por ofrecer un encuentro con clasicazos del rock en el 23 cumpleaños del Gran Café.
—Seguro que fue un niño muy respondón.
—No, qué va, yo era muy bueno. Si siempre he sido muy bueno, lo que pasa es que ahora sobresalgo un poco porque la gente no dice nada...
—¿Daba la tabarra con una guitarra comprada en maldita la hora o con una batería artesanal? ¿Cómo empezó en esto de la música?
—Es que en mi casa a todo el mundo le gustaba mucho la música, somos cuatro hermanos y todos tocábamos la guitarra, cantábamos... la casa era un sitio insoportable. Mis padres estaban desesperados, ya no sabían qué hacer con sus hijos.
—Como médico, ¿sus pacientes se tronchaban, o no estaban para muchas bromas?
—No, no, yo era muy serio. Había que dar la cara por el Insalud. Había que ponerse serio y firme, y hacer como que uno sabía de algo. Además escribía muy bien las recetas porque mis padres tenían una farmacia y yo había trabajado en ella, y se sufre mucho cuando no aciertas a leerlas.
—¿Fue un momento clave y complicado ese de abandonar el fonendoscopio para dedicarse al mundo del espectáculo?
—No fue una cosa complicada porque había mucho paro. Y yo lo que hacía eran suplencias y trabajos eventuales, ni siquiera tenía el MIR. Entonces, simplemente con no esforzarme en conseguir trabajo, la cosa salió sola. Yo es que siempre había querido dedicarme a eso, y de hecho empecé haciendo rock en los setenta con un grupo que se llamaba Paracelso, y ahí estuve dos años. Y luego ya con Reverendo anduve mucho tiempo haciendo un show en el que él tocaba el piano y yo cantaba.
—¿Alguna vez ha mandado un curriculum? ¿O escrito uno?
—He hecho uno porque me lo pedían para prensa y cosas así. Y también porque veía que había muchas imprecisiones, me metían en películas donde no había trabajado o faltaban otras que sí había hecho. En la ‘era Internet’ cualquier cosa que se cuelga, circula… por ejemplo, yo durante muchos años fui José Luis, aunque me llamo José Miguel, lo cual, bueno, es absolutamente intrascendente.
—Tiene que ser raro eso de pasar de que te conozcan en tu casa a la hora de comer a que te conozca todo el país...
—Que te vean dos millones de personas todos los días es algo alucinante: unas 23 veces el estadio Santiago Bernabéu. Luego la gente te ve por la tele y se dicen unos a otros: «Hostia, ¿sabes quién es este tío? ¡Este estudiaba en 3ºC!». Yo me he encontrado con muchos que me asaltan así: «¡Tú estudiaste con mi cuñado en los Escolapios!». Luego les dices que no has estudiado en los Escolapios en la vida y alguno hasta se cabrea.
—¿En qué programa se ha sentido más a gusto, más libre?
—En éste ( El Intermedio ) y en Caiga quien caiga , sin duda.
—Ya es casi un mito la clausura de aquel llamado ‘El peor programa de la semana’...
—Fue alucinante. Invitamos a Quim Monzó, que es toda una institución en Cataluña, como Umbral en Madrid, y además nada sospechoso de izquierdismo, pero que había criticado la monarquía en un espacio que tenía en TV3, y en el último momento me llamaron por teléfono para que dijera que estaba enfermo y no podía venir a la entrevista, que se hacía en directo. Yo respondí: ‘No. Quien haya tomado esa decisión absurda, que salga y lo diga’. ‘Bueno, pues metemos otra cosa’, me dijeron. El caso es que al día siguiente fui a la tele y ya no me dejaron pasar. Nadie me dio explicaciones, nadie se excusó... pero el nombre que aparece en esa polémica es el mío, y no el de nadie más.
—Le han tachado de cocainómano, socialista, agresor...
—Sí, todo eso, es increíble. Y luego encima es que te dicen que mientes y que no sé qué, cuando El Intermedio es un programa que repasa lo que publican otros medios con un enfoque crítico, vamos, que no damos exclusivas. Y cuando nos hemos equivocado, pues lo hemos admitido y ya. O sea, que cuando me cuestionan, jamás me cuestionan por lo que digo, ¡sino por el hecho de hacerlo!
—¿Por qué se producen esas actitudes? ¿Qué detecta desde ‘El Intermedio’?
—Resulta que alguien es un delincuente y te dicen que cómo tienes la vergüenza de decir eso. Vivimos en un país muy especial, aunque nos parezca mentira todavía estamos en una época anterior en el sentido de que hay una defensa a ultranza de lo siguiente: ‘Me da igual que ese robe o mate, es de los míos’. Esto funciona todavía hoy. O sea, la verdad o la mentira es intrascendente. Yo he estado en la Comunidad Valenciana y me han dicho: ‘Tú cállate, que no tienes derecho a hablar de la gente de aquí’. Y yo digo: ‘Perdona, pero la pasta que roban también es mía. Si queréis quedar en la Plaza de Toros y os robáis la pasta entre vosotros, yo no tengo inconveniente, pero es que el dinero que roban estos señores es mi dinero, o sea que tengo todo el derecho del mundo: mis impuestos van a Valencia, a Madrid, a Barcelona... Y el que roba, roba, y me da igual que sea de mi club de fútbol o de mi club de tenis. Es un ‘hooliganismo’ absurdo, el de no cuestionar la verdad o falsedad del tema, sino que, tanto si es una cosa como la otra, ‘tú te callas’.
—También eso pasa en Italia.
—Sí, hicimos un reportaje sobre el tema. Preguntábamos si la gente sabía que habían sentenciado a Berlusconi, y si le votarían. Y respondían que sí «porque él, por lo menos, lo dice». O sea, que la gente está dispuesta a votar a alguien que sabe que roba, que delinque, que soborna… Esto funciona un poco como Los Soprano . Es de los míos, punto. Es así de alucinante.
—El ritmo de trabajo de ‘El Intermedio’ debe ser muy intenso, al emitirse cada día...
—Estoy un poco ‘sobreinformado’, sí. Pero es un placer, para mí, trabajar en esto. Lo malo es el contenido, ojalá pudiéramos hablar de otras cosas, pero es que éstas se lo comen todo.
—¿Cómo ve la escalada independentista en Cataluña?
—Mal, porque cada uno está haciendo exactamente lo que les corresponde como políticos y no lo que les correspondería si mirasen por el bienestar de la ciudadanía. Vamos, que les viene estupendamente el desprecio de Rajoy, y a Rajoy le viene estupendamente el desprecio de Mas. Vamos a ver: Rajoy no saca votos de Cataluña, saca votos del resto de España enfrentándola a Cataluña. Y Mas saca votos en Cataluña con esa misma situación. Lo que ocurra o deje de ocurrir, la unidad de España, la justicia, todo eso se lo pasan por el forro... El PP en Cataluña y en Euskadi no tiene nada qué hacer porque los dos sitios ya tienen su propia derecha, que es la que gana. Pero ellos sacan votos en el resto de España a cuenta de eso. Y crean un enfrentamiento que carga completamente de razón las tesis nacionalistas. Y poco a poco, claro, la secesión se hace inevitable.
—Menos mal que hoy, en León, música para desengrasar...
—Eso es. Sólo música. Buen rock n’roll. Esa es mi terapia personal. La gente suele quedar contenta y nosotros, más.
—¿Planes en el horizonte?
—De televisión nada porque resulta que el programa va cada vez mejor. Eso sí, en noviembre sacaré un libro, No estamos locos , sobre esta situación, qué somos, de dónde venimos… y por qué nos pasa lo que nos pasa.
Lugar: Gran Café (Cervantes, 9).
Hora: 22.30. Entradas: 15 euros (agotadas).