Diario de León

Schommer ‘se gana’ por fin el Nacional de Fotografía

Maestro del retrato, el alavés recibe a sus 85 años el máximo galardón de la imagen.

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miguel lorenci | madrid
León

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Alberto Schommer (Vitoria, 1928) fue el primer fotógrafo con plaza en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con medio largo de actividad, acumula un sinfín de reconocimientos y premios. Pero en su palmarés faltaba, incomprensiblemente, el Nacional de Fotografía, que saldaba, al fin, este viernes su deuda con el gran creador y maestro de retrato. «Llega muy tarde y después de muchos premios, pero lo agradezco» aseguraba con su frágil voz y dedicándoselo a su mujer, Mercedes Casla, fallecida hace un par de meses. Con 85 años cumplidos quiere Schommer volver al retrato, el género que mejor domina y que más satisfacciones le ha proporcionado. Para «aceptar encargos» ha habilitado un gran espacio en su estudio madrileño.

La obra de Schommer se ha expuesto en grandes museos y ha sido publicada por las más prestigiosas revistas internacionales. Está reconocida con incontables galardones y recogida en más de setenta libros. El jurado reconocía esa rica trayectoria «en la que no sólo ha abordado todos los temas, sino que también ha innovado desde el punto de vista técnico y experimental». «Ha sido testigo de la transformación cultural y social de nuestro país», resumía el acta.

«La fotografía para mí es un hecho de amor» declaró en su discurso de ingreso en Bellas Artes que tituló Elogio a la fotografía.

Próximo a los renovadores de la fotografía española en los años sesenta, Schommer ha protagonizado una carrera plagada de retos formales y conceptuales bajo la benefactora influencia de maestros como Irving Penn y William Klein. En 1967 representó a España en la Expo de Montreal, en 1979 era elegido fotógrafo del año y en 1989 el Metropolitan Museum of Photography adquiría algunos de sus relatos psicológicos. Los realizó entre 1969 y 1973 y se confirmó como uno de los fotógrafos más destacados de la segunda mitad del siglo XX, retratando a personajes tan dispares como el cardenal Tarancón, el banquero Mario Conde, el torero Espartaco o el escultor Eduardo Chillida. Los retratos son los más conocido y apreciado de su labor. «El retrato y el paisaje son cruciales, tiene un potencia extraordinaria y ha atrapado a todo los grandes maestros» reconoce. Fiel a la fotografía analógica y a sus equipos Nikon, «recurro a lo digital cuando lo necesito», explica. Los ha publicado en diversos medios, escenificando el poder, la economía y la cultura, trazó un rico friso de la reciente historia de España.

Hizo época con su formidable serie de retratos psicológicos, a las que siguieron otras como Máscaras y Paisajes negros cuya espectacular factura denota su creatividad y dominio técnico. «De los miles y miles de retratos que hecho, los validos son apenas la punta del iceberg», dice este maestro del género que retrató también a grandes intelectuales y creadores.

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