Crítica de televisión
Chefs y futbolistas
Cualquier día de estos nos va a entrar una indigestión. Eso, o nos arrean un pelotazo. El tiempo en la tele no pasa entre costuras, sino entre fogones que arden y pelotas de 22 centímetros de diámetro. Los programas gastronómicos y futboleros se disputan limpiamente el protagonismo en el access prime time , el prime time y el late nigth (lo que viene a ser la hora antes de la cena, durante y después).
Los concursos de chefs pueden competir en todos esos tramos porque duran tanto que a uno le da tiempo a poner a hervir la sopa, comerla y reposarla en el sofá. Los espacios deportivos duran menos, pero están a todas horas. Usted está tan tranquilo en el sofá, rumiando la derrota merengue, y sin avisar se le aparecen en la pantalla Los Manolos (o cualquiera de sus clones) en alegre algarabía.
En los orígenes, los cocineros eran unos tipos alegres y con incipiente barriga que miraban la vida con apetito. Los futbolistas, sin embargo, quizá porque les faltaba esa pequeña panza que se atribuye a la felicidad, se nos presentaban como tipos más bien rudos que despachaban goles y patadas en la espinilla según las necesidades del momento. Ahora se han cambiado los papeles y Chicote sería capaz de amilanar con una de sus legendarias broncas hasta al mismísimo Hristo Stoichkov.
Igual es que están todos a dieta, pero los cocineros gastan una mala leche... En el fútbol, en cambio, casi todo es bullanga y diversión. No hay más que ver lo bien que se lo pasan los comentaristas deportivos, capaces de montar en torno a un partido sin goles una opereta digna de Sálvame .
Chefs y periodistas deportivos son los actuales reyes del mambo. Y van a serlo por mucho tiempo. Han traspasado sin miedo las fronteras que tenían marcadas y se han entregado sin complejos al show televisivo.
Quizá a los puristas de la doctrina culinaria y deportiva no les haya gustado este giro, pero a los demás parece que sí. Y en televisión la cuestión no es tanto la calidad como la cantidad.