Diario de León
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Opinión | samuel rubio

director del festival de órgano

Acabamos de cerrar una nueva edición del Festival Internacional de Órgano Catedral de León. No ha sido una edición cualquiera; el pasado día 21 de septiembre quedará marcado en el tiempo como un acontecimiento cultural de primer orden. Era y será para siempre una fecha histórica; se inauguraba un nuevo órgano para la Catedral, huérfana como estaba de un verdadero espacio sonoro. El público, deseoso e impaciente por la espera de 30 años, quería escuchar sus primeros acordes. Las piedras de la Catedral, registradoras sonoras de la historia, volvían a funcionar y no daban crédito a lo que allí se estaba viviendo; no recordaban tanta gente dentro. Los vitrales brillaban con más luz y color, conscientes del compañero de viaje que regresaba a casa. Era una fiesta, la fiesta de la Catedral, del órgano, de la música, del arte y el culto nuevamente unidos.

Ahora bien, pasada la fiesta, sería un error grave pensar que todo está hecho y que ya hemos cumplido. Es todo lo contrario, ahora es cuando hay que empezar, ahora es cuando se abre ante nosotros la posibilidad de consolidar definitivamente un proyecto importante, avalado por un recorrido que se inició hace ahora 30 años con el apoyo de una asociación incondicional y cuyas consecuencias serán sin duda muy importantes con el fin de resaltar los valores culturales, económicos y sociales de nuestra ciudad y provincia, y desde luego para la Catedral, que enriquecerá su culto y brillará con la luz que le es propia, hasta convertirse en faro de la cultura organística europea.

Por eso, y parodiando a los pregoneros medievales («se hace saber»), me permito hacer saber, a quien tenga oídos para oír, lo que va a significar para León este objeto volante sí identificado: significa que habíamos desconectado del pasado y vivíamos en una laguna carente de aquella tradición renacentista cargada de historia y de cultura, por lo que el órgano nos permite conectar con el pasado.

Significa que llenará un espacio sonoro acorde con la luz y colorido de las vidrieras. Significa que abrirá un camino infinito que se extiende en el espacio y el tiempo. Significa que nos atraerá como un imán a visitar la Catedral, centro espiritual y de arte por excelencia. Significa que, escuchando sus múltiples combinaciones sonoras, se agudizarán nuestros sentidos y nos hará mejores. Significa que la ciudad se convertirá en un punto de mira y de encuentro para miles de visitantes de todo el mundo. Significa que León se convertirá en una de las capitales organísticas más importantes del mundo.

Significando todo esto y mucho más, vuelvo a «hacer saber» que ha llegado la hora de «jugar con este juguete precioso» y de tomarnos en serio dicho «juego». No nos podemos permitir tenerlo apagado; sería un insulto a nosotros mismos, pero también una falta de respeto a toda una tradición cultural que nos ha precedido. Nuestra responsabilidad nos exige ser creativos y marcar una línea de futuro. Y aquí sugiero algunas de las pautas a seguir:

Acompañar con el órgano la liturgia solemne de las misas dominicales y fiestas de precepto, así como las preceptivas diocesanas, dando esplendor al culto.

Potenciar el Festival de Órgano ya plena e institucionalmente consolidado, pero que puede extenderse a lo largo del año con conciertos mensuales.

Organizar actividades a través de clases magistrales, cursos de interpretación, obras de encargo…

Realizar visitas didácticas al órgano.

De esta manera la ciudad se enriquecerá: desde el punto de vista histórico. Desde siempre la Catedral fue referente claro y preciso de la vida ciudadana pero también de la vida musical, no podemos ahora desconectar de la historia. Es el momento de enlazar con el pasado ya lejano y con el futuro ya presente.

Desde el punto de vista litúrgico. Culto y cultura volverán a darse la mano para formar una simbiosis perfecta. El culto se solemnizará y dignificará gracias a la intervención del órgano. Así se podrá justificar el famoso dicho conciliar: «la música debe ser el alma de la liturgia».

Desde el punto de vista didáctico. Se formó en la Catedral una auténtica escuela de música que con su disciplina interna y autoridad musical competentes marcaron una época y un estilo inconfundibles, al mismo tiempo que de ella surgieron grandes maestros para la historia de la música: Juan del Enzina, Francisco de Salinas, Gómez Camargo… Gracias al nuevo órgano puede haber muy pronto en León una cátedra de música que atraiga alumnos de toda Europa. Si a eso añadimos el triángulo musical: Catedral (órgano europeo), Santa Marina la Real (órgano barroco) y San Marcos (órgano romántico), León se convertiría automáticamente en la capital organística del mundo.

Desde el punto de vista turístico. Viene dado de lo dicho anteriormente. León, gracias al nuevo órgano, puede convertirse en epicentro a donde acudan visitantes de todo el mundo «drogados» por el encanto de la luz y el sonido presentes en la Catedral. No podremos competir en industria o en comercio pero sí podemos competir en cultura y ganar.

Desde el punto de vista patrimonial. Son incalculables los documentos musicales que se conservan en la Catedral, a comenzar por el Antifonario Visigótico Mozárabe, pieza única, el documento musical más antiguo del mundo, pasando por códices de los siglos XII, XIII XIV o cantorales de los siglos XV y XVI y polifonía de los siglos XVIII, XIX y XX. El nuevo órgano sería objeto de deseo para grabaciones discográficas, cursos de interpretación, obras de encargo, que seguirían aumentando el patrimonio musical de la Catedral.

Pero todo esto no es cosa de uno o de unos pocos. Es cosa de todos, y entre todos podemos: instituciones públicas y privadas, asociaciones, empresas, mecenas particulares, amigos del arte y de la cultura, benefactores… Tenemos la mejor Catedral, el mejor órgano, el aval de un ya largo recorrido gracias a una asociación que creyó siempre en el proyecto. De todos nosotros depende ahora saber gestionar el futuro que se abre ante nuestros ojos. Todo el mundo nos observa; que nadie nos encuentre dormidos.

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