El cazador de escritores
Cachafeiro lleva a Vela Zanetti ‘Arqueología literaria’, con rarezas de seis premios Nobel.

Izquierda, poema escrito y dibujado por Nerurda; arriba, uno de Mestre; debadjo, carné de conducir de José Hierro; sobre estas líneas, Cachafeiro (iquierda) enmarcando los manuscritos.
Acorta con iniciales (M.C.) y el primer apellido —Cachafeiro— un nombre que, dicho de corrido, Manuel Carlos Cachafeiro, resulta tan pomposo como imposible eludir la rima de sus tres oficios: periodista, coleccionista y artista. Con estas dos últimas pasiones ha construido Arqueología literaria, una exposición que ‘husmea’ en la vida cotidiana de grandes escritores. Objetos y manuscritos que pertenecieron a seis premios Nobel —Cela, Gabriela Mistral, Neruda, Saramago, José de Echegaray y Jacinto Benavente— forman parte de esta singular exposición que abre sus puertas el jueves en la Fundación Vela Zanetti. El título alude al fin de una época. «El siglo XX es el último de la imprenta como tal. Los escritores ya no mandan cartas ni tarjetas ni escriben sus obras a mano».
La idea de una colección siempre es reconstruir un universo. Y a Cachafeiro le gusta indagar, más como un arqueólogo que como un detective, en la letra pequeña de los escritores. La historia, en realidad, se fue retorciendo con el tiempo. Todo comenzó en los ochenta, durante una exposición de artistas emergentes que fue presentada por Miguel Delibes y cuyas obras iban acompañadas por textos de escritores. A un joven Cachafeiro, que entonces tenía 15 años, la idea le fascinó.
Se le ocurrió que él también podía montar una exposición si conseguía que algunos autores le enviaran las últimas páginas manuscritas de sus mejores libros. Varios escritores respondieron a su petición y le remitieron textos de su puño y letra. Los guardó en un cajón y los olvidó. Pero la semilla del coleccionismo había prendido en su alma.
Desde entonces, ha rescatado de rastros y anticuarios ‘rarezas’ como el expediente académico de Félix Gordón Ordás, el leonés que llegó a ser presidente de la República en el exilio. Las notas del insigne político leonés, que estudió Veterinaria, las encontró en un anticuario de Córdoba, que se desprendió de ellas por 15 euros. Cachafeiro se las ha ofrecido gratis a varias instituciones, pero ninguna ha aceptado hacerse cargo de estos documentos académicos.
Cachafeiro posee centenares de piezas que ha ido acumulando durante tres décadas, aunque la exposición sólo mostrará 24 objetos, como cartas, sobres, contratos, fotografías... No sabe bien a qué obedece su obsesión por encontrar enseres que en su día fueron apenas cosas insignificantes y cotidianas en la vida de escritores como Saramago, José Hierro, Cela o Alberti.
El carné de Pepe Hierro
Lo fácil habría sido entregarles un libro y coleccionar sus dedicatorias. Pero a él lo que le emociona es reconstruir pedazos de vida de escritores a partir de legajos y objetos peculiares. De hecho, la exposición se subtitula ‘En busca de otra mirada’. Tras hacerse con el carné de conducir de José Hierro, localizó un poema que el autor madrileño dedicado al automóvil, titulado Acelerando.
Hay un sobre dibujado a mano por Alberti y otro remitido por Cela, quien, en su condición de cartero honorario, estaba exento de poner sello en las cartas. También está el número 107 del vespertino La Voz de España, de noviembre de 1938, en la que Antonio Machado declara: «Mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el Gobierno que representa la voluntad del pueblo, libremente expresada... Por eso estuve siempre al lado de la República». Como paladín del bando opuesto, José María Pemán, que firma una carta como jefe provincial de la Unión Patriótica, con varias faltas de ortografía.
Igualmente curioso resulta un contrato en el que Borges cede los derechos del cuento La intrusa para su adaptación cinematográfica.
En la exposición sólo hay tres manuscritos de autores leoneses: una tarjeta del premio Cervantes Antonio Gamoneda, un poema ilustrado y dedicado a Cachafeiro por Juan Carlos Mestre y un texto de Crémer de 1935, en su condición de jefe del Ateneo Leonés.
La tinta de Neruda
Hay un poema ilustrado por Neruda y dedicado al pintor ecuatoriano Guayasamín, escrito en tinta verde, la que utilizaba siempre el escritor chileno como símbolo de esperanza y que Cachafeiro se lo compró al mayor coleccionista de Neruda. «Quería vender parte de su colección para comprar el archivo de fotos del entierro de Neruda». Un desgarrador funeral que Pinochet no pudo frenar, aunque ordenó a los servicios secretos que fotografiaran a todos los que asistieran.
En la colección que se mostrará en Vela Zanetti se podrá ver una tarjeta firmada por Zorrilla, una entrevista a García Lorca de 1933 en la que habla de su viaje a Nueva York, una carta en inglés con elegante caligrafía, de Ana María Matute, cuando residía en Estados Unidos y una postal de Echegaray. En el apartado de postales hay una de Serafín Álvarez Quintero en la que el autor escribe: «Hay en toda mujer una novia, una esposa y una suegra...».
Una de las fotos más curiosas es de Dulce María Loynaz, retratada junto a un grupo de amigos en la Cuba precastrista, en cuyo dorso la poeta aclara que el collar de perlas que luce es el que le regaló su madre el día de su boda.
El exlibris de Saramago
El premio Nobel portugués José Saramago fue uno de los primeros que envió un texto manuscrito al joven Cachafeiro. Dos décadas después y poco antes de que falleciera de leucemia, el periodista leonés le comunicó que iba a utilizar aquel texto. Cuando ya no esperaba respuesta, meses después de la muerte del autor de Ensayo sobre la ceguera, su viuda, Pilar del Río, le envió una foto con su marido y un exlibris.
Cachafeiro colecciona básicamente objetos y manuscritos de escritores que admira, aunque no es el caso de Pemán, del que posee un cuento inédito que no mostrará en la exposición. Sí estará en cambio un cuadro de la hija de Hemingway en la Bodeguita del Medio, donde el escritor norteamericano era un asiduo.
De momento, no ha podido conseguir, «porque el precio es desorbitado», fotos de Cortázar boxeando ni ha encontrado manuscritos de Leopoldo Panero, aunque sí de sus hijos.
En el rastro de León encontró una nota de agradecimiento de Juan Carlos, cuando aún era príncipe, enviada desde Villa Giralda (Estoril). Afirma que hay un gran mercado internacional de manuscritos, donde se encuentran textos firmados por presidentes de Estados Unidos. «Casi todo lo he comprado en Madrid, Alemania, Argentina y México», explica. Aunque no le gusta hablar de dinero, reconoce que algunos objetos le han costado pequeñas fortunas y otros cantidades ridículas.
A Cachafeiro le gustaría ampliar la colección y «moverla» por otras provincias.