TELEVISIÓN
Jordi, a media luz
Opinión | yolanda veiga
Jordi González no ha encendido la noche, más bien la ha dejado a media luz. Lo que ha encendido es la picadora y ha metido a un par de colaboradores de Ana Rosa Quintana, a uno de los guapos de Mujeres, hombres y viceversa, a los comentaristas del debate de Gran Hermano... y ha preparado una ensalada que no se sabe muy bien a qué sabe.
González, con sus pobres 620.000 seguidores a partir de medianoche, ha perdido su primera batalla contra Andreu Buenafuente, que en el segundo programa bajó, pero se mantiene en torno al millón de fieles. La fría acogida de Se enciende la noche tiene motivos. A estas alturas, Jordi, más allá de las fobias que despierta, que son muchas, no tiene nada que demostrar en la televisión. Así que la culpa no es de él. Es del formato.
Se enciende la noche es un programa raro. Primero porque se emite por fascículos. Una primera entrega a la hora de la cena y el resto a medianoche. Una fórmula que Telecinco ha probado con éxito con La Voz y Gran Hermano, pero que aquí resulta extraña.
Carlos Baute apadrinó el estreno del programa el martes y se mostró ciertamente entusiasta (hasta hizo el pino). Contaba Jordi que Baute fue al programa «sin preguntar de qué iba». Y casi mejor, porque a ver cómo se lo explica.
Se enciende la noche es un batiburrillo donde se mezclan orgasmos con niños robados. Y no es una forma de hablar. Después de la entrevista con Baute comentaron las últimas novedades del ‘caso Asunta’ con los reporteros de Ana Rosa Quintana, que ahora hacen doblete, por la mañana y por la noche.
Luego recordaron la que preparó el hijo de Ortega Cano en el puticlub y entrevistaron en el plató a un adolescente problemático y a su madre (Pedro García Aguado resulta más convincente).
Jordi volvió entonces a los niños robados, que es su área, y para acabar montó un corrillo con el de Mujeres, hombres y viceversa, la Terremoto de Alcorcón, Boris Izaguirre... Dos cuestiones a debate: las chonis y los orgasmos. Carmen Alcayde fingió un ‘orgasmo interruptus’ con la luz baja. La guinda al apagón.