Diario de León

El último galope del ‘Cabrerín’

La película de Néstor del Barco sobre un bandolero del norte de Extremadura, filme en el que la variante local del asturleonés cobra un protagonismo inédito, será exhibida en los institutos Cervantes europeos.

El grandioso paisaje del Parque Nacional de Monfragüe es también protagonista de esta película sobre un ‘Robin Hood’ que habla leonés extremeño.

El grandioso paisaje del Parque Nacional de Monfragüe es también protagonista de esta película sobre un ‘Robin Hood’ que habla leonés extremeño.

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e. gancedo | león
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Aquel chaval de sólo quince años mató a un hombre mientras cuidaba su rebaño de cabras en las verdes dehesas y canchales del norte extremeño; corría el año 1830 y antes que enfrentarse a una más que posible pena de muerte decidió el pastor echarse al monte, formar partida y ser implacable con los poderosos. Dejó de llamarse Juan Morales y se convirtió en Cabrerín , el bandolero más poderoso de la comarca de Monfragüe. Una figura a medio camino entre el mito y la historia —especie de Robin Hood ibérico que asaltaba a los ricos y repartía su botín con los pobres— y que ahora es eje de una película que está haciendo furor en la comunidad vecina y que firma el leonés Néstor del Barco.

La obra es fruto de la pasión de un puñado de profesionales y del apoyo de todo un pueblo, Serradilla, localidad cacereña extremadamente apasionada por su naturaleza y tradiciones, y donde tiene sus orígenes Del Barco. Tan celosa es de lo suyo que gran parte de los diálogos del filme son en ‘serraillanu’, una de las más meridionales variedades dialectales del tronco lingüístico asturleonés. El título no deja lugar a dudas: Territoriu de bandolerus.

El estreno tuvo lugar en la villa el pasado mes de agosto con un acogida espectacular —acudieron a la première 3.700 personas cuando la población cuenta con 1.700 vecinos—, estando presentes, además del equipo técnico y artístico al completo, representantes políticos de la comunidad o Maximiliano Díaz, premio Goya de Animación por Tadeo Jones , de origen serradillano, en una gala presentada por el actor leonés Miguel Ángel Barajas. «La cola que se formó se extendía medio kilómetro», ilustra Del Barco, quien cuenta a este periódico cómo nació Territoriu : «La idea surgió a raíz de una película previa que rodé, El misterio de las planchas de oro , también en Serradilla, y la experiencia fue tan enriquecedora que decidimos hacer un largometraje de época rescatando la figura de Juan Morales González, el Cabrerín , y hacerlo además en el habla serradillana para consolidar esa singularidad cultural que en realidad es el fin último del proyecto».

En cuevas y dehesas

La película se rodó, íntegramente, en los escenarios naturales donde vivió sus andanzas el bandolero, el Parque Nacional de Monfragüe, paraje de enorme belleza pero cuyo acceso implicaba no pocas dificultades técnicas. «Yo vivo en Ferral del Bernesga y cada quince días me desplazaba con todo el material hasta el pueblo (380 kilómetros de ida y otros tantos de vuelta); salía el viernes y retornaba el domingo, con sesiones maratonianas de rodaje —explica Del Barco—. Pero además rodamos en sitios muy diversos: cuevas, cascadas, dehesas, serranía, etc. Y luego estaba el problema añadido de que en Serradilla apenas queda espacio urbano aprovechable que pudiese evocar el siglo XIX, por lo que tuvimos que hacer un verdadero ejercicio de imaginación: ‘exprimimos’, desde todos los ángulos, la única calle empedrada y las casas viejas que quedan en pie».

Residente en la provincia desde hace más de cuarenta años —se considera un «leonés extremeño»—, Del Barco hace hincapié en que éste ha sido, ante todo, «un trabajo coral» en el que participó «la práctica totalidad del pueblo» partiendo de un coste cero. «Cada uno aportó lo que tenía y lo que sabía, así como su valioso tiempo».

«En la película aparecen cerca de 200 vecinos, y el resto han colaborado en diversas tareas, aportando caballos, carruajes, trajes, comida, etc.». En la cinta colabora también Pedro García Trapiello, periodista, escritor y columnista de Diario de León, quien aporta su inconfundible voz a la narración. Y el director —codirector junto a José Ignacio Cobos— hace mención especial a dos personas que han hecho las labores de producción, Eduardo Gómez y Pilar Cobos, «encargados de coordinarlo todo y buscar debajo de las piedras cualquier cosa que necesitara el proyecto».

Un rodaje que comienza en octubre de 2011 y termina en mayo de 2013 da para muchas anécdotas. Néstor cuenta un par de ellas. «En julio rodamos en La Garganta del Fraile, una vaguada que entonces estaba a 47 grados de temperatura, y nos sorprendió una plaga de garrapatas... se subían hasta por el trípode y llegué a ver dos en el objetivo, acabamos breados de bichos». También recuerda que para la escena de la quema del pueblo, tomada en febrero, «congregamos más de 300 personas, estuvimos rodando toda la noche a cero grados, la mayoría eran espectadores pero nadie se movió a pesar del frío».

El ‘serraillanu’

Gran conocedor y divulgador de esta peculiaridad lingüística —ha realizado dos documentales en torno a ella—, Néstor del Barco aclara que el serradillano es «una forma de hablar que arraigó gracias a los pastores trashumantes que bajaban desde nuestras montañas nevadas para que el ganado pastara en las dehesas de Serradilla, y allí permanecían de octubre a abril. Esa convivencia terminó fraguando en usos y costumbres, y debido al carácter de ‘isla’ del pueblo (al norte tiene la sierra de Santa Catalina y al sur, el río Tajo) ha sobrevivido hasta nuestros días al punto que la Universidad de Sevilla, a través del dialectólogo Manuel Ariza, recientemente fallecido, mantenía que era el único dialecto en España que había permanecido prácticamente inalterable desde el siglo XVI hasta nuestros días». Y en declaración que sorprende si la comparamos con las actitudes predominantes en torno a la lengua tradicional en la provincia de León, mantiene: «Una singularidad como ésta es motivo sobrado para realizar la cinta en serradillano».

Territoriu de bandolerus vivió ayer mismo su puesta de largo madrileña en el Teatro Goya ante un nutridísimo auditorio. Y a partir de ahora, además de la potente difusión que de la misma hará la Junta de Extremadura en toda su comunidad, está previsto que se pasee por las sedes europeas del Instituto Cervantes. «También queremos traerla a León y queremos que sea en el Auditorio, un marco digno para dar cabida al encuentro entre dos pueblos unidos por una misma cultura, el extremeño y el leonés», aseveró el director. Aparte de los pequeños galardones que ya está cosechando («y que nos ilusionan sobremanera», confiesa su coautor), Territoriu está nominado a la mejor película extremeña del año.

Autor de tres cortometrajes, cuatro documentales y dos largos, Néstor del Barco es empresario autónomo cuya afición por el cine le viene de muy joven, «cuando me enganché a aquellas maravillosas obras de cine negro, de ambientes llenos de humo, de intrigas y de verdadera magia. Soñaba con poder emular a John Huston, Fritz Lang y al maestro Coppola. Y un buen día me compré una cámara y empecé a filmar y filmar», declara. Y hoy está feliz porque el hecho de comenzar sin un solo euro, «lejos de ser un obstáculo», «terminó convirtiéndose en el eje que vertebró voluntades y unió al vecindario en torno a la idea de que ‘juntos podíamos’, un fenómeno social nunca visto en nuestro pueblo».

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