Una sala de Barcelona vende una tabla de Nicolás Francés del altar de la Catedral
La obra fue descolgada en el siglo XVIII y perteneció a Juan Crisóstomo Torbado.

La tabla retrata al profeta David y formaba parte del retablo primigenio del altar mayor.
El historiador Alejandro Valderas continúa recabando las piezas del gran puzzle del saqueo del patrimonio leonés. El procurador leonesista acaba de descubrir una de las tablas del desaparecido altar mayor de la Catedral de León, obra del maestro Nicolás Francés que se perdió, según destaca Ángela Franco, en 1741. Se trata de una tabla gótica que representa probablemente al Rey David, vestido claramente a la moda parisina, lo que junto con el aspecto del rostro, le relaciona con el círculo de Nicolás Francés. En la actualidad, se encuentra a la venta en una sala barcelonesa, que la ha puesto en circulación coincidiendo con la adquisición de varias piezas góticas leonesas por el Museo de León.
En la recomposición realizada por la conservadora jefe del Arqueológico Nacional, ésta señala que, entre las piezas perdidas, se encuentran dos tablas verticales, correspondientes a un santo guerrero y al Profeta David, pertenecientes al lado izquierdo del retablo.
En la obra Arte leonés (siglos IV-XVI) fuera de León (Edilesa 2010), Ángela Franco hace una reconstrucción del altar mayor de la catedral de León, con las piezas que se perdieron entre el siglo XVIII en que se desmontó y el año 1900 que se reconstruyó tal como hoy lo conocemos. «Se trata del primer altar ‘de pared’ de estas dimensiones que se construyó en España, en buena parte una invención local con el fin de ocultar que se habían tapiado los vanos entre las columnas de la girola gótica, para evitar el derrumbe del edificio: el nuevo altar ocultaba estos feos paredones», precisa Valderas. Y es que a las piezas conservadas en la Catedral (altar y museo), se han unido algunas recuperadas en los últimos años por Máximo Gómez Rascón en una parroquia cercana.
El historiador insiste en la teoría de que a este mismo altar pertenecieron la tabla de los Santos Jerónimo y Lorenzo (Museo de Estocolmo) y el grupo de Apóstoles que formaban el banco del gran altar y que hoy se encuentra en el Museo Tavera, en Toledo.
Pero ¿cómo llegó esta tabla a Barcelona? En el año 1740 los canónigos de la Catedral desmontan el magnífico retablo realizado en 1434 por maese Nicolás para instalar en su lugar un ‘pegote churrigueresco’ de Narciso Tomé, dejándose llevar por la moda del momento. El retablo gótico es desmantelado y las tablas que lo integran se dispersan. Cuando el arquitecto Matías Laviña recibe el encargo del Gobierno de salvar la Catedral decide, asimismo, recuperar lo que queda de la obra de Nicolás Francés. Tras quitar el retablo que hiciera el autor del transparente de la catedral de Toledo, Laviña recompone con las pocas tablas que se salvaron el actual y mermado retablo que hoy se contempla en el altar mayor.
«Sabemos que Juan Crisóstomo Torbado trabajaba en ocasiones a cambio de piezas. A veces las repintaba y en otras también realizaba copias, las duplicaba, con lo que algunas de las que aparecen en el mercado no son auténticas», subraya Valderas, que recuerda que el Instituto Amatler de Barcelona sacó en 1947 una serie de fotografías en las que aparecían varias de las piezas que Torbado había ido atesorando, algunas de las cuales pertenecían al altar originario. Ángela Franco localizó dos de ellas: la tabla de Santa Escolástica adquirida por el Estado (hoy en el Museo de León) y la tabla de San Guillermo de Aquitania, que finalmente el Estado no adquirió.
«En la actualidad hay dos o tres obras que siguen en Barcelona. El problema que hay para rescatarlas reside en un simple problema de nomenclatura, puesto que cuando salen al mercado sólo pueden ser calificadas como ‘tabla gótica’. «Hace más o menos un año, llegó una carta de una galería de arte anunciando que iban a vender una tabla del maestro de Astorga. Finalmente resultó que se trataba de Nicolás Francés. El caso es que está muy repintada, con lo que podría tratarse de uno de esos duplicados realizados por Torbado», asume el historiador.
Entre los años 30 y los 50, los grandes coleccionistas catalanes comienzan a interesarse por el arte gótico leonés y empiezan a adquirirlas en el mercado, donde no encuentran problema alguno en adquirirlas ya que, como se ha demostrado, el patrimonio se convirtió en almoneda. En 1947 muere Torbado y toda su herencia se tasa para ser vendida en Nueva York. El marchante es un viejo conocido de los lectores de DIARIO DE LEÓN. Se trata de Ignacio Martínez, el ‘anticuario’ implicado en la operación de venta de las galerías claustrales descubiertas por Gerardo Boto en Palamós. Precisamente, esta misma semana se ha demostrado de manera fehaciente que el claustro procede de la catedral románica de Salamanca.
Pues bien, se sabe que Ignacio Martínez se encargó del negocio porque su nombre aparece en las facturas de la venta del legado de los Torbado al Museo Nacional de Arte de Cataluña, más concretamente de un arcón de San Esteban de Nogales.